Literatura

#TiempoDeBallenas y la sorpresa de la asistencia

Siempre he sido malo calculando. Recuerdo que de niño me frustraba al no poder si quiera intentar adivinar, en uno de esos absurdos concursos de programa de televisión, cuántas pelotas había en un auto compacto del que he olvidado la marca. Quizá deba corregirme: siempre he sido malo con los números.

Por eso es que el sábado pasado, cuando el artista plástico Aníbal Angulo comenzó su charla en Tiempo de Ballenas en el Colegio Nacional y se dijo sorprendido por la asistencia a este evento, no quise ni voltear para tratar de contar cuántos estábamos presentes en una de las salas más bonitas del recinto de Donceles 104.

Y aunque mi relación con los números es más que trágica -como sé que a ustedes también les pasa- debo confesar que para imaginar y elucubrar tengo mucha facilidad. Esa es la razón por la que, cuando me enteré de que se hablaría de ballenas y su relación con las artes, no dude ni un minuto en asistir porque el mar y uno que otro de sus habitantes me tienen atrapado a la hora de escribir y soñar.

Fue una grata saber que éramos muchos -no, no voy a caer en mi trampa de querer decir: más de cien- los que queríamos escuchar lo que el poeta Jorge Ruiz Dueñas; el pintor, escultor y fotógrafo Aníbal Angulo; el investigador Jorge Urbán  y la profesora Annalisa Berta tenían para decirnos sobre los mamíferos más grandes del planeta.

Y es que mientras estaba sentado ayer escuchando la charla coordinada por el poeta Vicente Quirarte y el científico Antonio Lazcano, pensaba que los dueños del mar han sido esos gigantes que han estado mucho más tiempo que nosotros recorriendo lo largo y ancho de la Tierra.

La poesía, la pintura, la música y otras muchas artes han sido influidas por las ballenas, esos seres que tienen un lenguaje propio que no entendemos pero que nos envuelve con su magia, y acaso por ello es que desde el inicio de los tiempos del hombre se han adueñado de nuestros relatos, primero hablados y luego escritos.

Por otro lado, las participaciones de los investigadores Jorge Urbán y Annalisa Berta enriquecieron la plática y nos permitieron saber cómo, según evidencias científicas, las ballenas evolucionaron de un animal terrestre a uno marítimo. El paso de los milenios hizo que se convirtieran en lo que ahora conocemos: perdieron sus cuatro patas, aprendieron a viajar por todo el océano y a comunicarse para saber que no están nadando solas, a pesar de la caza del hombre.

El trago amargo de la tarde nos lo dio Urbán al cerrar su charla con un dato que debería preocuparnos y ser portada de todos los diarios: en México estamos exterminando a la especie de cetáceos conocida como Vaquita y nadie hace nada para remediarlo.

Así que no debe sorprendernos que las narraciones de los próximos años tengan como hilo central la extinción de este tipo de ballenas y el poder de aniquilación del ser humano.

Quién sabe, quizá en un par de milenios esos gigantes quieran tomar revancha y regresar a la tierra, para recuperar lo que fue suyo; pues si pudieron tomar como su reino el océano, es probable que su gran tamaño haga que los perseguidos seamos nosotros cuando decidan regresar.

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