Literatura

Seis poemas de Octavio Paz que cualquier mexicano debe conocer

La figura de Octavio Paz es reconocida a nivel internacional, a pesar de que en México existe un sector de la élite cultural y política que no puede leerlo “ni verlo en pintura”.

Paz fue reconocido en 1990 con el Premio Nobel de Literatura por su extensa obra que incluye poesía, ensayos y traducciones. Es, aunque a algunos les duela, el único escritor mexicano con ese reconocimiento.

Y como en Jamlet Inculto somos seguidores de la obra poética de Octavio Paz, escogimos seis poemas que consideramos imprescindibles:

octavio

Cuerpo a la vista

Y las sombras se abrieron otra vez

y mostraron su cuerpo:

tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,

tu boca y la blanca disciplina

de tus dientes caníbales,

prisioneros en llamas,

tu piel de pan apenas dorado

y tus ojos de azúcar quemada,

sitios en donde el tiempo no transcurre,

valles que sólo mis labios conocen,

desfiladero de la una que asciende

a tu garganta entre tus senos,

cascada petrificada de la nuca,

alta meseta de tu vientre,

playa sin fin de tu costado.

Tus ojos son los ojos fijos del tigre

y un minutos después

son los ojos húmedos del perro.

Siempre hay abejas en tu pelo.

Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos

como las espalda del río a la luz del incendio.

Aguas dormidas golpean día y noche

tu cintura de arcilla

y en tus costas,

inmensas como los arenales de la luna,

el viento sopla por mi boca

y un largo quejido cubre con sus dos alas grises

la noche de los cuerpos,

como la sombra del águila la soledad del páramo.

Las uñas de los dedos de tus pies

están hechas del cristal del verano.

Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,

bahía donde el mar de noche se aquieta,

negro caballo de espuma,

cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,

boca de horno donde se hacen las hostias,

sonrientes labios entreabiertos y atroces,

nupcias de la luz y la sombra,

de lo visible y lo invisible

(allí espera la carne su resurrección

y el día de la vida perdurable)

 

Patria de sangre,

única tierra que conozco y me conoce,

única patria en la que creo,

única puerta al infinito.  

 

***

 

Decir, hacer

                                         A Roman Jakobson

Entre lo que veo y digo,

Entre lo que digo y callo,

Entre lo que callo y sueño,

Entre lo que sueño y olvido

La poesía.

Se desliza entre el sí y el no:

dice

lo que callo,

calla

lo que digo,

sueña

lo que olvido.

No es un decir:

es un hacer.

Es un hacer

que es un decir.

La poesía

se dice y se oye:

es real.

Y apenas digo

es real,

se disipa.

¿Así es más real?

Idea palpable,

palabra

impalpable:

la poesía

va y viene

entre lo que es

y lo que no es.

Teje reflejos

y los desteje.

La poesía

siembra ojos en las páginas

siembra palabras en los ojos.

Los ojos hablan

las palabras miran,

las miradas piensan.

Oír

los pensamientos,

ver

lo que decimos

tocar

el cuerpo

de la idea.

Los ojos

se cierran

Las palabras se abren.

 

***

 

Libertad bajo palabra

Viento

Cantan las hojas,

bailan las peras en el peral;

gira la rosa,

rosa del viento, no del rosal.

Nubes y nubes

flotan dormidas, algas del aire;

todo el espacio

gira con ellas, fuerza de nadie.

 

Todo es espacio;

vibra la vara de la amapola

y una desnuda

vuela en el viento lomo de ola.

 

Nada soy yo,

cuerpo que flota, luz, oleaje;

todo es del viento

y el viento es aire

siempre de viaje…

 

***

 

Olvido

Cierra los ojos y a oscuras piérdete

bajo el follaje rojo de tus párpados.

Húndete en esas espirales

del sonido que zumba y cae

y suena allí, remoto,

hacia el sitio del tímpano,

como una catarata ensordecida.

Hunde tu ser a oscuras,

anégate la piel,

y más, en tus entrañas;

que te deslumbre y ciegue

el hueso, lívida centella,

y entre simas y golfos de tiniebla

abra su azul penacho al fuego fatuo.

En esa sombra líquida del sueño

moja tu desnudez;

abandona tu forma, espuma

que no sabe quien dejó en la orilla;

piérdete en ti, infinita,

en tu infinito ser,

ser que se pierde en otro mar:

olvídate y olvídame.

En ese olvido sin edad ni fondo,

labios, besos, amor, todo renace:

las estrellas son hijas de la noche.

 

***

 

Silencio

Así como del fondo de la música

brota una nota

que mientras vibra crece y se adelgaza

hasta que en otra música enmudece,

brota del fondo del silencio

otro silencio, aguda torre, espada,

y sube y crece y nos suspende

y mientras sube caen

recuerdos, esperanzas,

las pequeñas mentiras y las grandes,

y queremos gritar y en la garganta

se desvanece el grito:

desembocamos al silencio

en donde los silencios enmudecen.

 

***

 

Tus ojos

Tus ojos son la patria

del relámpago y de la lágrima,

silencio que habla,

tempestades sin viento,

mar sin olas, pájaros presos,

doradas fieras adormecidas,

topacios impíos como la verdad,

otoño en un claro del bosque

en donde la luz canta en el hombro

de un árbol y son pájaros todas las hojas,

playa que la mañana

encuentra constelada de ojos,

cesta de frutos de fuego,

mentira que alimenta,

espejos de este mundo,

puertas del más allá,

pulsación tranquila del mar a mediodía,

absoluto que parpadea, páramo.

 

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