Rándom

Mi historia con el fallido Pasito perrón

Hace unas semanas mi madre y mi abuela tuvieron un disgusto conmigo. Quizá deba decir que en la casa “ardió Troya” después que decidí enseñarles el video del “Pasito Perrón”, que se había  hecho famoso en redes sociales muchos meses atrás.

Las dos me dijeron de todo: blasfemo, pecador, hijo de Satanás y una serie de apodos que nunca entenderé, porque estoy seguro que mi abuela y mi madre los inventaron con sus amigas de la iglesia, durante una misa aburridísima del Padre Joel.

Debo aceptar que me importó poco que las dos mujeres con las que vivo se desilusionaran de mi religiosidad, porque yo tomé el video y el bailecito del niño Dios como lo que es, una broma muy pesada. Y, a la fecha, cada vez que veo una figurilla así en casa de mis tías, siento el deseo de agarrarla y hacerla bailar como si no hubiera final. Tal vez por eso es que cuando salió la convocatoria para el Pasito Perrón masivo en la Plancha del Zócalo -el sábado 22 de abril a las 2pm-, fui de los primeros en decir que asistiría.

Esperé la fecha como cuando aguardas por la llegada de los Reyes Magos al ser niño.

El sábado salí de casa a la una, llevaba en la mochila el niño dios que había tomado prestado del cuarto de mi abuela e iba decidido a hacerlo bailar como ninguna otra persona enfrente de la Catedral.

Cuando estaba por el metro Zócalo debo admitir que sentí nervios, imaginaba a una multitud esperando que dieran las dos para soltar la música y hacer bailar a la figurita. Sin embargo, cuando salí del metro mi decepción fue tan grande que sentí que todo el peso de los edificios que rodean al Zócalo caían sobre mi. No había multitudes, ni música, ni niños dioses; solo una tarde normal de sábado.

Esperé a que dieran las dos, imaginando un milagro, y diez segundos antes de la hora pactada en el grupo de Facebook, metí la mano a la mochila para estar preparado por si alguien hacía sonar la canción. Pero nada sucedió, todos siguieron caminando como si nada. Y yo me moría de vergüenza y tristeza.

En la plancha, con las ilusiones por lo suelos, imaginé las voces de mi madre y mi abuela diciendo: “Ves, diosito te castigo por andar de pecador”. Ahora solo espero que sus rezos me salven de irme al infierno.

 

El texto anterior es ficción, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

Anuncios

0 comments on “Mi historia con el fallido Pasito perrón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: