Literatura

Diez poemas fundamentales de Gonzalo Rojas

El poeta chileno Gonzalo Rojas es una figura fundamental para las letras latinoamericanas del siglo XX, y en Chile es también uno de los escritores más queridos, hecho que se constató en 2011 tras su muerte, cuando el gobierno de ese tiempo decretó dos días de luto y sus restos fueron velados en el Museo de Bellas Artes del país austral.

Jamlet –quien recuerda haberlo leído en sus años universitarios–, quiso rendirle homenaje a la memoria del poeta que en 2003 fue merecedor del Premio Cervantes y por esa razón, buceó entre sus archivos digitales para elegir sus diez poemas favoritos de Gonzalo Rojas.

 

A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro

Bésense en la boca, lésbicas

baudelerianas, árdanse, aliméntense

o no por el tacto rubio de los pelos, largo

a largo el hueso gozoso, vívanse

la una a la otra en la sábana

perversa,

               y

áureas y serpientes ríanse

del vicio en el

encantamiento flexible, total

está lloviendo peste por todas partes de una costa

a otra de la Especie, torrencial

el semen ciego en su granizo mortuorio

del Este lúgubre

al Oeste, a juzgar

por el sonido y la furia del

espectáculo.

                  Así,

equívocas doncellas, húndanse, acéitense

locas de alto a bajo, jueguen

a eso, ábranse al abismo, ciérrense

como dos grandes orquídeas, diástole y sístole

de un mismo espejo.

                               De ustedes

se dirá que amaron la trizadura.

Nadie va a hablar de belleza.

 

***

 

Al silencio

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,

todo el hueco del mar no bastaría,

todo el hueco del cielo,

toda la cavidad de la hermosura

no bastaría para contenerte,

y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera

oh majestad, tú nunca,

tú nunca cesarías de estar en todas partes,

porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,

porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,

y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.

 

***

 

Asma es amor

                                                A Hilda, mi centaura

Más que por la A de amor estoy por la A

de asma, y me ahogo

de tu no aire, ábreme

alta mía única anclada ahí, no es bueno

el avión de palo en el que yaces con

vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro

de las que ya no estás, tu esbeltez

ya no está, tus grandes

pies hermosos, tu espinazo

de yegua de Faraón, y es tan difícil

este resuello, tú

me entiendes: asma

es amor.

 

***

 

Carmen Cárminis

-Favor, dónde se fabrican por aquí versos con

hélade y lujuria

para que vibren transparentes?

-Dos

casas más allá pasado ese hueco

donde se ve ese otro hueco de aire con

dalias originales de entonces, ahí

justo a la izquierda doblando

detrás del puente

del que no queda vestigio, ahí mismo a un metro

hay una carpintería etrusca: de ahí

-arterias y mármol, alta, los pies

desnudos- salió la muchacha hace tres mil,

que no ha muerto.

 

Eso me lo dijo personalmente a mí Catulo en Sirmione

el 95, Garda sul Lago.

 

***

 

Carta del suicida

Juro que esta mujer me ha partido los sesos,

Por que ella sale y entra como una bala loca,

Y abre mis parietales y nunca cicatriza,

Así sople el verano o el invierno,

Así viva feliz sentado sobre el triunfo

Y el estomago lleno, como un cóndor saciado,

Así padezca el látigo del hambre,

así me acueste

O me levante, y me hunda de cabeza en el día

Como una piedra bajo la corriente cambiante.

 

Así toque mi citara para engañarme, así

Se habrá una puerta y entren diez mujeres desnudas,

Marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen

Unas sobre otras hasta consumirse.

 

Juro que ella perdura porque ella sale y entra

Como una bala loca,

Me sigue a donde voy y me sirve de hada.

 

***

 

Cítara mía, hermosa…

Cítara mía, hermosa

muchacha tantas veces gozada en mis festines

carnales y frutales, cantemos hoy para los ángeles,

toquemos para Dios este arrebato velocísimo,

desnudémonos ya, metámonos adentro

del beso más furioso,

porque el cielo nos mira y se complace

en nuestra libertad de animales desnudos.

Dame otra vez tu cuerpo, sus racimos oscuros para que de ellos mane

la luz, deja que muerda tus estrellas, tus nubes olorosas,

único cielo que conozco, permíteme

recorrerte y tocarte como un nuevo David todas la cuerdas,

para que el mismo Dios vaya con mi semilla

como un latido múltiple por tus venas preciosas

y te estalle en los pechos de mármol y destruya

tu armónica cintura, mi cítara, y te baje a la belleza

de la vida mortal.

 

***

 

El fornicio

Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones,

te turbulentamente besara,

mi vergonzosa, en esos muslos

de individua blanca, tacara esos pies

para otro vuelo más aire que ese aire

felino de tu fragancia, te dijera española

mía, francesa mía, inglesa, ragazza,

nórdica boreal, espuma

de la diáspora del Génesis… ¿Qué más

te dijera por dentro?

                             ¿griega,

mi egipcia, romana

por el mármol?

                   ¿fenicia,

cartaginesa, o loca, locamente andaluza

en el arco de morir

con todos los pétalos abiertos,

                                           tensa

la cítara de Dios, en la danza

del fornicio?

 

Te oyera aullar,

te fuera mordiendo hasta las últimas

amapolas, mi posesa, te todavía

enloqueciera allí, en el frescor

ciego, te nadara

en la inmensidad

insaciable de la lascivia,

                                  riera

frenético el frenesí con tus dientes, me

arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo

de otra pureza, oyera cantar las esferas

estallantes como Pitágoras,

                                      te lamiera,

te olfateara como el león

a su leona,

            para el sol,

fálicamente mía,

                      ¡te amara!

 

***

 

Latín y jazz

Leo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis Armstrong, lo reoigo

en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles

en el latín augusto de Roma con las trompetas libérrimas, lentísimas,

en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido

de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las olas

que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta materia

que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar

en que amarro la ventolera de estas sílabas.

 

Es el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor

del movimiento, loco el círculo de los sentidos, lo súbito

de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma

y África, la opulencia y el látigo, la fascinación

del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí

y el infortunio de los imperios, vaticinio

o estertor: éste es el jazz,

el éxtasis

antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis,

Catulo mío,

               ¡Tánatos!

 

***

Mariposas para Juan Rulfo

Cómo fornicarán felices las mariposas en

el césped oliendo

de aquí para allá a Dios sin

que vaca alguna muja encima de

su transparencia, jugando a jugar

un juego vertiginoso a unos pasos

blancos del cementerio con el mar

del verano zumbando allá abajo ocio y

maravilla.

Rulfo habrá soplado en ellas tanta

locura, Juan Rulfo cuyo Logos

fue el del Principio; les habrá dicho: -Ahora, hijas,

nos vamos de una vez

del páramo.

 

¿Y ellas? Ahora ¿qué harán

ellas sin Juan que cortó tan lejos

más allá de Comala en caballo único tan

invisible? ¿bailarán, seguirán

bailando para él por si vuelve, por

si no ha pasado nada y de repente

estamos todos otra vez?

 

Por mi parte nadie va a llorar, ni

mi cabeza que vuela ni la otra

que no duerme nunca. Se ha ido

y se acabó, nadie

corre peligro así acostado oyendo

los murmullos aleteantes.

                                    -Con tal

de que no sea una nueva noche.

 

***

 

Oscuridad hermosa

Anoche te he tocado y te he sentido

sin que mi mano huyera más allá de mi mano,

sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:

de un modo casi humano

te he sentido.

 

Palpitante,

no sé si como sangre o como nube

errante,

por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,

oscuridad que baja, corriste, centelleante.

 

Corriste por mi casa de madera

sus ventanas abriste

y te sentí latir la noche entera,

hija de los abismos, silenciosa,

guerrera, tan terrible, tan hermosa

que todo cuanto existe,

para mí, sin tu llama, no existiera.

 

Anuncios

0 comments on “Diez poemas fundamentales de Gonzalo Rojas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: