Literatura

6 poemas cortos de Constantino Cavafis

El poeta griego Constantino Cavafis era un hombre reservado con su trabajo. Se ha escrito que él llegó a imprimir los poemas que más le gustaban y no más, y que se los regalaba solo a unos cuantos a quienes consideraba que podían entender su arte.

¿Podríamos decir que Cavafis fue uno de los primeros poetas hipsters? Les compartimos 6 poemas breves del bate helénico.

 

Los pasos

En un lecho de ébano ornamentado

con águilas de coral, duerme profundamente

Nerón -inconsciente, tranquilo, y feliz;

en la plenitud del vigor de la carne

y el hermoso brío de 1a juventud.

Pero en la sala de alabastro que encierra

el antiguo larario de los Aenobarbos

qué inquietos están los Lares.

Tiemblan los pequeños dioses hogareños

y tratan de ocultar sus cuerpos insignificantes.

Porque escucharon un ruido siniestro,

un ruido mortal que asciende las escalas,

pasos metálicos que hacen estremecerse los peldaños.

Y desfallecientes ahora los míseros Lares,

se esconden en el fondo del larario,

se empujan unos a otros y tropiezan,

y un pequeño dios cae sobre el otro,

pues han comprendido qué clase de ruido es éste,

han percibido ya los pasos de las Furias

 

***

Grises 

Mirando un ópalo medio gris

recordé dos hermosos ojos grises

que vi: hará unos veinte años …

……………………………………………

Por un mes nos amamos.

después se marchó, creo que para Esmirna,

a trabajar allí, y no nos vimos más.

Se habrán afeado -si vive- aquellos ojos grises;

se habrá arruinado el bello rostro.

Memoria mía, guárdalos tú como eran.

Y lo que puedas, memoria, de ese amor mío,

lo que puedas tráemelo esta noche

 

***

El sol de la tarde

Esta pieza, qué bien la conozco.

Ahora se arrienda y también la del lado

para oficinas comerciales. Toda la casa se transformó

en oficinas de corredores, y de comerciantes, y de Compañías.

Ah esta pieza, cuán conocida me es.

Cerca de la puerta aquí estaba el canapé,

y delante de él una alfombra turca;

cerca el estante con dos floreros amari1los.

A la derecha, no, al frente, un armario con espejo.

En el centro, la mesa donde escribía;

y los tres grandes sillones de mimbre.

Junto a la ventana estaba la cama

donde nos amamos tantas veces.

En algún lugar deben estar esas pobres cosas.

Junto a la ventana estaba la cama.

El sol de la tarde le llegaba a la mitad.

…Una tarde, las cuatro, nos habíamos separado

por una semana solamente… Ay de mí,

esa semana se volvió siempre

 

***

A la entrada del café

Algo que dijeron al lado mío

dirigió mi atención a la entrada del café.

Y vi el hermoso cuerpo que parecía

como si el Amor lo hubiese forjado con su más consumada

experiencia –

plasmando sus armoniosas formas con alegría,

elevando esculturalmente la estatura;

plasmando con emoción el rostro

y dejando a través del tacto de sus manos

un sentimiento en la frente, en los ojos, y en los labios

 

***

Cuando despierten

Trata de guardarlas, poeta,

por más que sean pocas aquellas que se detienen.

Las visiones de tu amor.

Ponlas, medio ocultas, entre tus frases.

Trata de retenerlas, poeta,

cuando despierten en tu mente

en la noche o en el fulgor del mediodía

 

***

Deseos

Como cuerpos hermosos de muertos sin vejez

que encerraron, con lágrimas, en bellos mausoleos,

rosas a la cabeza, jazmines a sus pies

así parecen ir pasando los deseos,

sin ser cumplidos, sin apenas merecer

una noche de goce, un claro amanecer

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