El Pikachu que todos llevamos dentro

Por Sergio Romero

Seguramente muchos de nosotros fuimos acusados inquisitorialmente por el dedo de nuestros padres al pasar horas y horas jugando videojuegos cuando éramos niños: que el Tetris, que el Pac Man, que el Mortal Kombat, que el Mario Bros (disculpen la nostalgia y lo poco actualizado en videojuegos, el que escribe es un chavoruco nacido en los ochentas). Pero hay una franquicia que sin duda marcó época: Pokémon (si no me creen, pregúntenle a las cuentas de banco de Nintendo); aquel videojuego en que atrapas monstruitos, los entrenas, los pones a pelear con otros y hasta evolucionan (oh, sí, hermosa evolución). Regresemos a los regaños: ¡Suelta tu celular y deja de atrapar a esos monigotes! ¡Daniel, Vanessa, Mariana, -inserta tu nombre acá-, de nada te va a servir en la vida jugar Pokémon! Pues lamento decirles, papás, que no es así, ser friki-geek-otaku sí tiene beneficios; por ejemplo, podrías llegar a descubrir una proteína y llamarla como uno de tus personajes favoritos del juego, por ejemplo, Pikachu.

La historia se sitúa unos años atrás cuando un grupo de investigadores de Japón descubrió una molécula que era vital para que nosotros pudiéramos ver. Esta molécula, en específico una proteína, fue nombrada como Pikachurina. Pero, ¿por qué es importante esta macromolécula? En el Sistema Nervioso Central, la transmisión del impulso nervioso se lleva a cabo por la aproximación, física y funcional, entre dos neuronas (llamada sinapsis); la comunicación se logra cuando dos células interactúan mediante la ayuda de  compuestos químicos (los famosos neurotransmisores)  que se liberan al espacio extracelular y provocan que la descarga química origine una corriente eléctrica en la célula y así se propague la información.

En el caso específico de los ojos, existen unas células ubicadas en la retina llamadas fotorreceptores, responsables de que seamos capaces de detectar la luz. Así pues, cuando la luz incide en la retina, los receptores transfieren la información a dos tipos de células (las bipolares y las horizontales) en una sinapsis especializada llamada “sinapsis en cinta”. Para que esto suceda, los científicos japoneses se dieron cuenta de que es necesaria la presencia de una proteína en el proceso, la cual juega un papel importantísimo en la transmisión de la información visual de los ojos al cerebro y, en especial, en la visión cuando estamos en movimiento. Es aquí cuando entra el lado friki de los investigadores. Debido a los ágiles y rápidos movimientos de Pikachu (recuerden su ataque bola-voltio en el juego de Smash Bros), además de los impactantes efectos eléctricos de la macromolécula, los científicos japoneses dijeron la famosa frase: “¡Pikachu, yo te elijo!” y nombraron a la proteína como Pikachurina en homenaje a este famoso ratoncillo eléctrico; sin duda un nombre espectacular para una proteína espectacular (su nombre aburrido es Proteína tipo-EGF que contiene los dominios de laminina-G y fibronectina tipo III).

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Micrografía de una sinapsis en cinta. Créditos: Corfas Lab, Universidad de Michigan.

Para que la Pikachurina lleve a cabo su función encomendada, esta proteína debe unirse a la distrofina y al distroglicano (otras dos proteínas importantes en el proceso), al hacerlo, se forma una estructura estable que es la única capaz de transmitir el impulso eléctrico estimulado por la luz, es decir, forman adecuadamente la sinapsis en cinta (bríncate al esquema de abajito, te ayudará a entenderlo mejor). Además, para que esto suceda, múltiples Pikachurinas deben de unirse unas a otras (imagínense a varios Pikachu tomados de la mano formando una cadena) y, al formar esta red, es entonces que la interacción con las otras macromoléculas sucede. Incluso, tan importante es la función de la proteína, que cuando a un ratón le eliminan el gen que produce la Pikachurina (o simplemente la estructura con la distrofina y el distroglicano no se forma adecuadamente), este ratoncito presenta problemas visuales y puede enfermarse de retinitis pigmentosa o retinoblastoma; es decir, sin la Pikachurina las señales llegan más lentamente y afectan la transmisión y también la función visual. En años recientes, dado que la Pikachurina parece proporcionar una mejor agudeza visual, algunas investigaciones se han enfocado en utilizarla para desarrollar un tratamiento eficaz para diversos trastornos oculares.

EsquemaPikachurina
Modelo de la ubicación y función de la Pikachurina. La sinapsis en cinta se forma adecuadamente cuando la Distrofina (DP) y el Distroglicano (DG) se asocian con las múltiples Pikachurinas (Pik). Modificada de: Omori y cols, 2012.

Así que, amantes de los videojuegos, nunca metan a la bolsa mental de lo “inútil e innecesario” sus conocimientos que han aprendido en esas horas enfrente de sus consolas. Un día muy cercano podrían descubrir algo y hacerle honor a eso que los millennials llaman cultura friki. ¡Pika-pi, Pikachuuuuu!

¿Te interesa leer más al respecto?:

Sato, S., Omori, Y., Katoh, K., (et al). Pikachurin, a dystroglycan ligand, is essential for photoreceptor ribbon synapse formation. Nature Neuroscience, 2008. 11: 4. Enlace

Omori, Y., Araki, F., Chaya, T., (et al). Presynaptic Dystroglycan–Pikachurin Complex Regulates the Proper Synaptic Connection between Retinal Photoreceptor and Bipolar Cells. Journal of Neuroscience, 2012. 32: 18. Enlace

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