Literatura

Diez poemas eróticos de Tomás Segovia que te quitarán el aliento

El poeta mexicano de origen español Tomás Segovia –que se definía como poeta hispano para no entrar en polémicas– se fue de este mundo en 2011 pero nos dejó una obra poética que no para de enamorar a más de uno.

Su amor por la mujer, por el erotismo, por el deseo, así como el paso del tiempo, fueron plasmados en cada uno de sus poemas que –Jamlet lo sabe, pillines– han dedicado alguna vez.

Segovia, además fue un maestro en el ámbito del periodismo cultural y editorial. Trabajó con Fuentes y Paz en varias revistas como Plural y Vuelta. A su partida, muchos fueron los países que al despedirlo reclamaron la paternidad, como una suerte de homenaje que, dicen sus amigos, lo habría hecho reír, porque él se consideraba más un poeta de época que de un solo lugar.

Jamlet ha elegido sus diez poemas favoritos de Segovia… Para que los dediquen libremente, sin pudor.

Y, por supuesto, no podemos olvidar El blog de Tomás, donde escribía hasta antes de su muerte: http://tomassegovia2.blogspot.mx/. Échenle una mirada, no se van a arrepentir.

 

Y sin embargo, a veces, todavía…

 

Y sin embargo, a veces, todavía,

así de pronto, cuando te estoy viendo,

vuelvo a verte como antes, y me enciendo

del mismo modo inútil que solía.

 

Y me pongo a soñar en pleno día,

y reprocho al destino, corrigiendo,

como los locos, lo que fue; y no entiendo

cómo no pude nunca hacerte mía.

 

E imagino que anoche me colmaste

de placeres sin nombre, y que esa chispa

perversa y de ternura en tu mirada

 

prueba que lo otro es nada -que gozaste,

que a ti también este limbo te crispa,

¡que al fin te di el orgasmo!- y lo otro es nada.

 

***

 

Un momento estoy solo: tú allá abajo…

Un momento estoy solo: tú allá abajo

te ajetreas en torno de mi cosa,

delicada y voraz, dulce y fogosa,

embebida en tu trémulo trabajo.

 

Toda fervor y beso y agasajo

toda salivas suaves y jugosa

calentura carnal, abres la rosa

de los vientos de vértigo en que viajo.

 

Mas la brecha entre el goce y la demencia,

a medida que apuras la cadencia,

intolerablemente me disloca,

 

y al fin me rompe, y soy ya puro embate,

y un yo sin mí ya tuyo a ciegas late

gestándose la noche de tu boca.

 

***

 

Tu carne olía ricamente a otoño…

 

Tu carne olía ricamente a otoño,

a húmedas hojas muertas, a resinas,

a cítricos aceites y a glicinas

y a la etérea fragancia del madroño.

 

Hábil como una boca era tu coño.

Siempre había, después de tus felinas

agonías de gozo, en las divinas

frondas de tu deseo, otro retoño.

 

Te aflojabas de pronto, exangüe y yerta,

suicidada del éxtasis, baldía,

y casta y virginal como una muerta.

 

Y poco a poco, dulcemente, luego,

absuelto por la muerte renacía

tu amor salvaje y puro como el fuego.

 

***

 

Si te busco y te sueño y te persigo…

 

Si te busco y te sueño y te persigo,

y deseo tu cuerpo de tal suerte

que tan sólo aborrezco ya la muerte

porque no me podré acostar contigo;

 

si tantos sueños lúbricos abrigo;

si ardiente, y sin pudor, y en celo, y fuerte

te quiero ver, dejándome morderte

el pecho, el muslo, el sensitivo ombligo;

 

si quiero que conmigo, enloquecida

goces tanto que estés avergonzada,

no es sólo por codicia de tus prendas:

 

es para que conmigo, en esta vida,

compartas la impureza, y que manchada,

pero conmovedora, al fin me entiendas.

 

***

 

Sé que no sabes que recuerdo tanto…v

 

Sé que no sabes que recuerdo tanto

tu piel untuosa y pálida, amasada

con fiebre y luna, y tu boca abrasada,

blanda y jugosa y salada de llanto,

 

y tu implorante gesto de quebranto,

sobre tu frigidez crucificada

y agradecida y tierna aunque insaciada,

y mi esfuerzo patético entretanto,

 

y el amor con que entonces se volvía

tu largo cuerpo de impecable diosa

en su halo de luz y denso efluvio

 

y ofrecías sensual a mi porfía

la masa de las nalgas prodigiosa,

guiando mi mano hacia tu pubis rubio.

 

***

 

Otra vez en tu fondo empezó eso…

Otra vez en tu fondo empezó eso…

Abre sus ojos ciegos el gemido,

se agita en ti, exigente y sumergido,

emprende su agonía sin regreso.

 

Yo te siento luchar bajo mi peso

contra un dios gutural y sordo, y mido

la hondura en que tu cuerpo sacudido

se convulsiona ajeno hasta en su hueso.

 

Me derrumbo cruzando tu derrumbe,

torrente en un torrente y agonía

de otra agonía; y doblemente loco,

 

me derramo en un golfo que sucumbe,

y entregando a otra pérdida la mía,

el fondo humano en las tinieblas toco.

 

***

 

Miel, aceite

 

Una mancha de miel tiñe la luz

Al tocar la ciudad

Que aun dormida elabora

 

Desde aquí arriba

Se la ve desbordar

Sus ondas caldeadas

Hacia la falda donde el monte

Inicia su inocencia ociosa

 

Tumbadas y abrazadas en el tiempo

La ciudad y la luz

Sin cesar se digieren una a otra

 

Por fin entiendo que un verano

Tanto tiempo esperado ha vuelto así

 

El cielo y la babel mezclan sus aires

 

Bellamente viciada

La rubia luz espesa

Unta las coyunturas

A su nivel es donde el mundo es uno

 

Hundidos en su dulce aceite

Nos deslizamos fuera de su ligadura

Al nivel de una miel

Donde amor y cimiento

Giran uno en el otro sin fractura.

 

***

 

La semana sin ti

Quisiera haber nacido de tu vientre,

haber vivido alguna vez dentro de ti,

desde que te conozco soy más huérfano.

¡Oh! gruta tierna,

rojo edén caluroso.

Qué alegría haber sido esa ceguera!

Quisiera que tu carne se acordara

de haberme aprisionado,

que cuando me miraras

algo se te encogiese en las entrañas,

que sintieras orgullo al recordar

la generosidad sin par con que tu carne

desanudaste para hacerme libre.

Por ti he empezado a descifrar

los signos de la vida,

de ti quisiera haberla recibido.

***

 

Entre los tibios muslos te palpita…

 

Entre los tibios muslos te palpita

un negro corazón febril y hendido

de remoto y sonámbulo latido

que entre oscuras raíces se suscita;

 

un corazón velludo que me invita,

más que el otro cordial y estremecido,

a entrar como en mi casa o en mi nido

hasta tocar el grito que te habita.

 

Cuando yaces desnuda toda, cuando

te abres de piernas ávida y temblando

y hasta tu fondo frente a mí te hiendes,

 

un corazón puedes abrir, y si entro

con la lengua en la entrada que me tiendes,

puedo besar tu corazón por dentro.

 

***

 

Desnuda aún, te habías levantado…

 

Desnuda aún, te habías levantado

del lecho, y por los muslos te escurría,

viscoso y denso, tibio todavía,

mi semen de tu entrada derramado.

 

Encendida y dichosa, habías quedado

de pie en la media luz, y en tu sombría

silueta, bajo el sexo relucía

un brillo astral de mercurio exudado.

 

Miraba el tiempo absorto, en el espejo

de aquel instante, una figura suya

definitiva y simple como un nombre:

 

mi semen en tus muslos, su reflejo

de lava mía en luz de luna tuya

alba geológica en mujer y hombre.

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