Ciencia

La Macarena, el baile de los espermatozoides

La mayoría de nosotros hemos estado en una boda, XV años, reunión Godín de Navidad o simplemente en una borrachera de viernes en la que todos (o casi todos) terminan bailando la Macarena o el Payaso de Rodeo. Ahí es cuando tú te niegas a ser parte del borlote porque no te sabes los pasos: “derecha, izquierda, atrás, adelante”, “brazo derecho, brazo izquierdo, cabeza, cintura…”; además, no falta el que tiene invertida la brújula y entiende los pasos al revés (nota mental 1: nunca inviten a bailar al autor de esta columna porque los terminará pisando). Pero estos problemas de baile son simples e irrelevantes, ya que nosotros los seres vivos tenemos unas células que saben bailar perfectamente lo que se les ponga, esas células las conocemos como espermatozoides.

El espermatozoide es una célula reproductora sexual encargada de fecundar al huevo, siendo una de las más diversas (y maravillosas) debido a varias razones. Por una parte, la estructura básica más común de esta célula, con una cabeza que contiene el genoma y un flagelo que le confiere motilidad, ha dado lugar a una enorme diversidad morfológica (échale un ojo al esquema de abajito, te sorprenderás). Esta variedad de formas se debe a las distintas estrategias reproductivas que las especies adoptaron; como no todas las especies copulan igual y en las mismas condiciones, entonces los espermatozoides se adaptan a cada situación.

Morfologia_espermas
Micrografías de algunas formas distintas de espermatozoides. Se muestran las células de (o)
Pseudechiniscus facettalis (osos de agua), (p) mosca de la fruta, (q) Heligmosomoides
polygyrus (gusano), (r) Hexagrammos agrammus (pez), (s) Macrobiotus joannae
(tartígrado) y (t) Procambarus sp. (crustáceo). Créditos: Pitnick y cols, 2009.

Veamos algunos ejemplos. Primero están los espermas que tienen o no flagelo: en este grupo entra tu amigo el pelón (sin flagelo), el que está a punto de quedarse calvo (un único flagelo) y el matudo de Filosofía y Letras (multiflagelado). Luego están los espermatozoides chairos que cooperan entre ellos y se unen para nadar sincronizadamente y así llegar a su meta (espermas rosetas o conjugados). Después tenemos a los feos que parecen Alien, espermas invertidos con mitad cabeza y mitad cola. Pasemos a los que tienen cabeza de espiral, unas células bien locochonas que parecen brocas de taladro. También se encuentran los que, aunque tienen una cabeza y un flagelo, su tamaño varía considerablemente, hay algunos, incluso, cuya cabeza es muuuuuy grande como en el caso de los erizos de mar. Y no olvidemos a los que proyectan apéndices: imagínense a un mapache bebé abrazando, de esta misma forma los espermas abrazan al huevo fecundado. Pero también hay algunas especies que producen espermatozoides gigantes: el caso de la mosca de fruta, cuyo esperma puede medir hasta 6 centímetros de largo, casi 25 veces más largo que su cuerpo (si los espermas humanos siguieran esta proporción, serían de más de 40 metros de largo) (nota mental 2: eliminen esa escena desagradable de su disco duro).

Pero ahora pasemos a otra de las maravillas de los espermatozoides: sus distintas formas para nadar y moverse. El que un espermatozoide nade en un sentido o hacia alguna dirección depende de un proceso llamado taxis: fenómeno en el cual las células dirigen sus movimientos de acuerdo con la concentración de ciertas sustancias químicas en su medio ambiente, los cambios en alguna señal física (presión, temperatura, ósmosis…) o alguna otra señal del medio. En los espermatozoides, éstos son capaces de percibir señales como cambios de temperatura, humedad, varios iones (calcio, sodio…), pequeños péptidos, entre otras muchas señales. Además, junto con su configuración interna, la taxis es lo que determina si un espermatozoide baila el Pasito Perrón o 17 años de Los Ángeles Azules. Por ejemplo, los espermas de ostra giran en una única dirección como si bailaran A la Rueda de San Miguel; los de pez son los Ian Thorpe de este tipo de células (nadan con una rapidez impresionante), los espermas de ratón van de un lado hacia al otro al ritmo de Follow the Leader y los de humano tienen movimientos aberrantes en contra del flujo del tracto reproductor femenino como si bailaran Sopa de Caracol mientras avanzan.

Así que, estimados lectores, en la siguiente fiesta a la que asistan pueden sentarse a ver a la gente e identificar si sus tías y tíos bailan como un esperma de ratón, uno de mono o alguno se rifa como un esperma pez, todo esto, claro, con una cerveza en mano para hacerlo más entretenido.

¿Quieres ver más sobre los distintos tipos de espermatozoides?:

Pitnick, S., Hosken, D., Birkhead, T. R. Sperm morphological diversity. En Sperm Biology, (pp. 69-149). 2009. Elsevier

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