Siete poemas de Rosario Castellanos que cualquier mexicano debe conocer

El 25 de mayo se cumplieron 92 años del nacimiento de una de las escritoras más grandes de México: Rosario Castellanos.

La chiapaneca, que estudió filosofía en la UNAM, se relacionó con otros grandes poetas y novelistas como Jaime Sabines, Dolores Castro, Ernesto Cardenal y Augusto Monterroso.

Castellanos fue una luchadora por los derechos sociales de las mujeres, por lo que se considera una figura importante dentro del feminismo mexicano.

Su obra, que además de poesía incluye prosa, dramaturgia y ensayo, la hizo merecedora de premios como el Xavier Villaurrutia, el Sor Juana Inés de la Cruz, entre otros.

 

Soneto del emigrado

Cataluña hilandera y labradora,

viñedo y olivar, almendra pura,

Patria: rememorada arquitectura,

ciudad junto a la mar historiadora.

 

Ola de la pasión descubridora,

ola de la sirena y la aventura

-Mediterráneo- hirió tu singlatura

la nave del destierro con su proa.

 

Emigrado, la ceiba de los mayas

te dio su sombra grande y generosa

cuando buscaste arrimo ante sus playas.

 

Y al llegar a la Mesa del Consejo

nos diste el sabor noble de tu prosa

de sal latina y óleo y vino añejo.

 

***

 

Revelación

Lo supe de repente:

hay otro.

Y desde entonces duermo solo a medias

y ya casi no como.

 

No es posible vivir

con ese rostro

que es el mío verdadero

y que aún no conozco.

 

***

 

Nocturno

Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.

Y fui una noche entera

ámbito de su furia y su lamento.

¡Ah! ¿quién conoce esclavitud igual

ni más terrible dueño?

En mi aridez, aquí, llevo la marca

de su pie sin regreso.

 

 

***

 

Misterios gozosos

 

A veces, tan ligera

como un pez en el agua,

me muevo entre las cosas

feliz y alucinada.

 

 

Feliz de ser quien soy,

sólo una gran mirada:

ojos de par en par

y manos despojadas.

 

 

Seno de Dios, asombro

lejos de las palabras.

Patria mía perdida,

recobrada.

 

 

***

 

Los adioses

Quisimos aprender la despedida

y rompimos la alianza

que juntaba al amigo con la amiga.

Y alzamos la distancia

entre las amistades divididas.

Para aprender a irnos, caminamos.

Fuimos dejando atrás las colinas, los valles,

los verdeantes prados.

miramos su hermosura

pero no nos quedamos.

 

 

***

 

Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras…

 

Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras

como con una cesta de fruta verde, intactas.

 

Los fragmentos

de mil dioses antiguos derribados

se buscan por mi sangre, se aprisionan, queriendo

recomponer su estatua.

De las bocas destruidas

quiere subir hasta mi boca un canto,

un olor de resinas quemadas, algún gesto

de misteriosa roca trabajada.

Pero soy el olvido, la traición,

el caracol que no guardó del mar

ni el eco de la más pequeña ola.

Y no miro los templos sumergidos;

sólo miro los árboles que encima de las ruinas

mueven su vasta sombra, muerden con dientes ácidos

el viento cuando pasa.

Y los signos se cierran bajo mis ojos como

la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.

Pero yo sé: detrás

de mi cuerpo otro cuerpo se agazapa,

y alrededor de mí muchas respiraciones

cruzan furtivamente

como los animales nocturnos en la selva.

Yo sé, en algún lugar,

lo mismo

que en el desierto cactus,

un constelado corazón de espinas

está aguardando un hombre como el cactus la lluvia.

Pero yo no conozco más que ciertas palabras

en el idioma o lápida

bajo el que sepultaron vivo a mi antepasado.

 

 

***

 

Destino

Matamos lo que amamos. Lo demás

no ha estado vivo nunca.

Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere

un olvido, una ausencia, a veces menos.

Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia

de respirar con un pulmón ajeno!

El aire no es bastante

para los dos. Y no basta la tierra

para los cuerpos juntos

y la ración de la esperanza es poca

y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,

ciervo con una flecha en el ijar

que huye y se desangra.

¡Ah! pero el odio, su fijeza insomne

de pupilas de vidrio; su actitud

que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece

el reflejo de un tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve

– antes que lo devoren –  ( cómplice, fascinado )

igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: