García Lorca y siete poemas que no podrás dejar de leer

Federico García Lorca es el poeta español más famoso del siglo XX… y probablemente de lo que va de este siglo.

Curiosamente, el también dramaturgo empezó estudiando piano cuando era niño, ya que se mostraba más interesado en la música que en la literatura. Sin embargo, gracias a la influencia de su madre, García Lorca decidió inscribirse en la Universidad de Granada para estudiar Filosofía y Letras, además de Derecho.

Y ese fue uno de los pasos más importantes que dio el granadino, ya que después viajó a Madrid donde se relacionó con otros jóvenes escritores y artistas como Salvador Dalí, Rafael Alberti y Luis Buñuel, lo que contribuyó a su formación como poeta y dramaturgo.

Ícono de la Generación del 27, García Lorca peleó siempre por las libertades de todos los hombres y heredó al mundo hispanoamericano –después de su fusilamiento– una de las obras líricas y dramatúrgicas más grandes del español.

 

Alma ausente

No te conoce el toro ni la higuera,

ni caballos ni hormigas de tu casa.

No te conoce el niño ni la tarde

porque te has muerto para siempre.

 

No te conoce el lomo de la piedra,

ni el raso negro donde te destrozas.

No te conoce tu recuerdo mudo

porque te has muerto para siempre.

 

El otoño vendrá con caracolas,

uva de niebla y montes agrupados,

pero nadie querrá mirar tus ojos

porque te has muerto para siempre.

 

Porque te has muerto para siempre,

como todos los muertos de la Tierra,

como todos los muertos que se olvidan

en un montón de perros apagados.

 

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.

Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.

La madurez insigne de tu conocimiento.

Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

 

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

 

***

 

Ay, voz secreta

 

Ay voz secreta del amor oscuro

¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!

¡ay aguja de hiel, camelia hundida!

¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

 

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,

montaña celestial de angustia erguida!

¡Ay silencio sin fin, lirio maduro!

 

Huye de mi, caliente voz de hielo,

no me quieras perder en la maleza

donde sin fruto gimen carne y cielo.

 

Deja el duro marfil de mi cabeza

apiádate de mi, ¡rompe mi duelo!

¡que soy amor, que soy naturaleza!

 

 

***

 

Cada canción…

Cada canción

es un remanso

del amor.

Cada lucero,

un remanso

del tiempo.

Un nudo

del tiempo.

Y cada suspiro

un remanso

del grito.

***

 

Deseo

Sólo tu corazón caliente,

y nada más.

Mi paraíso un campo

sin ruiseñor

ni liras,

con un río discreto

y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento

sobre la fronda,

ni la estrella que quiere

ser hoja.

Una enorme luz

que fuera

luciérnaga

de otra,

en un campo

de miradas rotas.

Un reposo claro

y allí nuestros besos,

lunares sonoros

del eco,

se abrirían muy lejos.

Y tu corazón caliente,

nada más.

 

***

 

El poeta pide a su amor que le escriba

Amor de mis entrañas, viva muerte,

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita,

que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita.

corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura.

***

 

Llagas de amor

Esta luz, este fuego que devora.

Este paisaje gris que me rodea.

Este dolor por una sola idea.

Esta angustia de cielo, mundo y hora.

 

Este llanto de sangre que decora

lira sin pulso ya, lúbrica tea.

Este peso del mar que me golpea.

Este alacrán que por mi pecho mora.

 

Son guirnaldas de amor, cama de herido,

donde sin sueño, sueño tu presencia

entre las ruinas de mi pecho hundido.

 

Y aunque busco la cumbre de prudencia

me da tu corazón valle tendido

con cicuta y pasión de amarga ciencia.

 

 

***

 

Noche del amor insomne

 

Noche arriba los dos con luna llena,

yo me puse a llorar y tú reías.

Tu desdén era un dios, las quejas mías

momentos y palomas en cadena.

 

Noche abajo los dos. Cristal de pena,

llorabas tú por hondas lejanías.

Mi dolor era un grupo de agonías

sobre tu débil corazón de arena.

 

La aurora nos unió sobre la cama,

las bocas puestas sobre el chorro helado

de una sangre sin fin que se derrama.

 

Y el sol entró por el balcón cerrado

y el coral de la vida abrió su rama

sobre mi corazón amortajado.

 

 

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