El aro vs. La maldición – Caronte: Crónicas al inframundo

Por Jim (@DirectorJim)

¡Saludos, viajeros a lo desconocido! Hoy quise presenciar el encuentro de dos veteranas del terror japonés, las cuales han trascendido su propio país para incrustarse en la cultura popular de todo el mundo: Sadako, de la saga de El aro, y Kayako, de La maldición. Sin embargo, si algo debieron aprender estas dos de otros monstruos clásicos es que “más no siempre es menos” , ¿o no, Freddy Vs. Jason?

Contrario a los americanos, que gustan de iniciar sus historias con secuencias rápidas e intensas para abrir el apetito del espectador, los japoneses se toman su tiempo para contar las cosas. En este caso, por ejemplo, la primera escena tan sólo nos recuerda el poder de Sadako y apenas funciona como un punto de partida a la historia.

Tras esto, nos trasladaremos a la clase del Dr. Morishige, un hombre obsesionado con las leyendas urbanas, y especialmente, con la de Sadako y el video maldito, algo que parece divertir a todos sus alumnos, exceptuando a Yuri y Natsumi, quienes están demasiado dormidas para ponerle atención. En algún otro punto de la ciudad, Susuka se está mudando a su nuevo hogar junto con su familia, justo al lado de una casa abandonada…

Aunque es claro que las chicas terminarán malditas por los espectros protagónicos (las primeras por Sadako y la otra por Kayako) y eventualmente cruzarán sus caminos, el trayecto hacia el encuentro es bastante accidentado. De entrada, la trama da prioridad al conflicto del video, haciendo que la casa sea apenas relevante hasta los últimos minutos de la cinta (parece más un “El aro ft. La maldición”).

Además, las chicas son fastidiosas (o sosas) y conforme avanza la narración, se van haciendo más tontas. De hecho, todos los intentos por eliminar las maldiciones caen en el cliché y en el humor involuntario (ver la manera en que Susuka queda maldita es de pena ajena), con personajes secundarios que poco hacen aparte de incrementar el número de cuerpos en pantalla…

“Pero a mi no importa la historia, yo sólo quiero ver a esas dos romperse la…” dirá alguno de ustedes (y no los culpo, yo pensaba igual). Suponiendo que ignoremos el guión forzado, las terribles actuaciones y la ausencia del miedo, ¿vale la pena el encuentro de éstas dos? NO.

Obviamente, guardaron lo “mejor” para el final, y tristemente, este enfrentamiento  no pasa de ser meros jalones de greñas entre ellas cual si fueran chicas de prepa a la salida. Hay por ahí un pequeño giro guardado, como si los realizadores supieran que no ha pasado nada digno de mención en la hora y media anterior, por lo que atiborran la pantalla de sucesos en sus últimos minutos y cuando parece que sucederá algo emocionante… empiezan los créditos.

¿El veredicto del barquero? Esta pelea es un robo. No importa el resultado: si ya entraste a verla, aquí el perdedor fuiste tú. Una película que nació como una broma, y que en realidad, nunca dejó de serlo. Mejor aguántate el morbo y quédate con las cintas clásicas: ahí sí te vas a orinar (y no de risa).

 

 

 

 

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