Literatura

Siete poemas que demuestran la grandeza de Salvador Díaz Mirón

Salvador Díaz Mirón fue un hombre valiente y bravo, además de letrado. Sus duelos a muerte fueron de sobra conocidos en Veracruz, y quedaron plasmados en más de uno de sus poemas…

Siempre tuvo claras sus posiciones políticas y su nombre pesó en la época de la Revolución. En principio combatió al gobierno de Porfirio Díaz, más tarde tuvo desencuentros con Francisco I. Madero, y al final terminó apoyando a Victoriano Huerta.

Por eso y otras cosas, su legado para las letras mexicanas es más grande de lo que podríamos pensar y para muestra los siguientes poemas que esperamos que disfruten.

Rimas

Al ver mi honda aflicción por tus desvíos,

fijas en mi tu angelical mirada

y hundes tus dedos pálidos y fríos

en mi oscura melena alborotada.

 

¡Pero en vano, mujer! No me consuelas.

Estamos separados por un mundo.

¿Por qué, si eres la nieve, no me hielas?

¿Por qué, si soy el fuego, no te fundo?

 

Me aproximo… y te tiñes de escarlata

y huyes… ¡oh niña pudorosa y bella!

¡Sensitiva que tiembla y se recata

hasta de sospechar que pienso en ella!

 

Te llamo, abro los brazos… y no vienes…

inútilmente solicito y lloro.

¡Tú no alientas pasión! por eso tienes

ojos de cielo y cabellera de oro.

 

Tu mano espiritual y transparente,

cuando acaricia mi cabeza esclava,

es el copo glacial sobre el ardiente

volcán cubierto de ceniza y lava.

 

¡Tu mano espiritual y transparente

cuando acaricia mi cabeza esclava,

es el copo glacial sobre el ardiente

volcán cubierto de ceniza y lava

 

***

 

Música de Schubert

 

Crin que al aire te vuela, rizada y bruna,

parece a mis ahogos humo en fogata;

y del arpa desprendes la serenata

divinamente triste, como la luna.

 

Y del celo ardoroso despides una

fragancia de resina; y él te dilata

ojo que resplandece con luz de plata,

como en la sombra el vidrio de la laguna.

 

Mas tu marido llega, con su fortuna,

nos dice dos lisonjas, va por su bata,

y al dormido chicuelo besa en la cuna.

 

Y mientras que te tiñes en escarlata,

crin que al aire te vuela, rizada y bruna,

parece a mis ahogos humo en fogata.

 

***

 

Mudanza

Ayer, el cielo azul, la mar en calma

y el sol ignipotente y cremesino,

y muchas ilusiones en mi alma

y flores por doquier en mi camino.

 

Mi vida toda júbilos y encantos,

mi pecho rebosando de pureza,

mi carmen pleno de perfume y cantos

y muy lejos, muy lejos, la tristeza.

 

Ayer, la inspiración rica y galana

llenando mi cerebro de fulgores;

y tú, sonriente y dulce en tu ventana,

hablándome de dichas y de amores.

 

Ayer, cuanto era luz y poesía,

las albas puras y las tardes bellas

henchidas de sutil melancolía,

y las noches pletóricas de estrellas…

 

Y hoy… la sombra y el ansia y el desierto,

perdida la esperanza, y la creencia,

y el amor en tu espíritu ya muerto,

y sembrada de espinas la existencia.

 

***

 

La cita

 

¡Adiós, amigo, adiós! ¡El sol se esconde,

la luna sale de la nube rota,

y Eva me aguarda en el estanque, donde

el cisne nada y el nelombo flota!

 

Voy a estrechar a la mujer que adoro.

¡Cuál me fascina mi delirio extraño!

¡Es el minuto del ensueño de oro

de la cita del ósculo en el baño!

 

¡Es la hora en que los juncos oscilantes

de la verde ribera perfumada

se inclinan a besar los palpitantes

pechos desnudos de mi dulce amada!

 

¡Es el momento azul en que la linfa

tornasolada, transparente y pura,

sube hasta el blanco seno de la ninfa

como una luminosa vestidura!

 

¡Es el instante en que la hermosa estrella

crepuscular se asoma con anhelo

para ver a otra venus que descuella

sobre el húmedo esmalte de otro cielo!

 

¡Es ya cuando las tórtolas se paran

y se acarician en los mirtos rojos,

y los ángeles castos se preparan

a ponerse las manos en los ojos!

 

***

 

Engarce

El misterio nocturno era divino.

Eudora estaba como nunca bella,

y tenía en los ojos la centella,

la luz de un gozo conquistado al vino.

De alto balcón apostrofóme a tino;

y rostro al cielo departí con ella

tierno y audaz, como con una estrella…

!Oh qué timbre de voz trémulo y fino!

¡Y aquel fruto vedado e indiscreto

se puso el manto, se quitó el decoro,

y fue conmigo a responder a un reto!

¡Aventura feliz!  La rememoro

con inútil afán; y en un soneto

monto un suspiro como perla en oro.

 

***

 

Deseos

¡Yo quisiera salvar esa distancia,

ese abismo fatal que nos divide,

y embriagarme de amor con la fragancia

mística y pura que tu ser despide!

¡Yo quisiera ser uno de los lazos

con que decoras tus radiantes sienes!

¡Yo quisiera, en el cielo de tus brazos,

beber la gloria que en tus labios tienes!

¡Yo quisiera ser agua y que en mis olas,

que en mis olas vinieras a bañarte,

para poder, como lo sueño a solas,

a un mismo tiempo por doquier besarte!

 

¡Yo quisiera ser lino, y en tu pecho,

allá en las sombras, con ardor cubrirte,

temblar con los temblores de tu pecho

y morir del placer de comprimirte1

¡Oh, yo quisiera mucho más! ¡Quisiera

llevar en mí, como la nube, el fuego;

mas no, como la nube en su carrera,

para estallar y separarnos luego!

¡Yo quisiera en mí mismo confundirte,

confundirte en mí mismo y entrañarte;

yo quisiera en perfume convertirte,

convertirte en perfume y aspirarte!

¡Aspirarte en un soplo como esencia,

y unir a mis latidos tus latidos,

y unir a mi existencia tu existencia,

y unir a mis sentidos tus sentidos1

¡Aspirarte en un soplo del ambiente,

y así verter sobre mi vida en calma,

toda la llama de tu pecho ardiente

y todo el éter de lo azul de tu alma!

¡Aspirarte mujer… de ti llenarme,

y en ciego y sordo y mudo constituirme,

y ciego, y sordo y mudo, consagrarme

al deleite supremo de sentirte

y a la suprema dicha de adorarte!

 

 

***

 

Consonancias

                                                                    A M…*

Tu traición justifica mi falsía

aunque lo niegues con tu voz de arrullo;

mi amor era muy grande, pero había

algo más grande que mi amor, mi orgullo.

 

Calla, pues. Ocultemos nuestro duelo,

la queja es infecunda y nada alcanza;

agonicemos contemplando el cielo

ya que el cielo es nuestra única esperanza.

 

No creas que este mal decrezca y huya:

cada vez menos parco y más despierto

imperará en mi vida y en la tuya

«como reina el león en el desierto».

 

Los años rodarán en el abismo

sin que recobres la perdida calma.

¡Tú siempre llevarás, como yo mismo,

un cadáver en lo íntimo del alma!

 

El tiempo no es el médico discreto

que, por medio del fórceps del olvido,

saca del fondo de la entraña el feto

muerto allí como el pájaro en su nido.

 

*Matilde Saulnier

 

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