Los lugares sin límites… imaginarios de Donoso

Por Diego Landín

«Las cosas que terminan dan paz y las cosas que no cambian comienzan a concluirse, están siempre concluyéndose» El Lugar sin Límites, José Donoso.

 

La reedición de una de las obras más importantes del escritor José Donoso, El lugar sin límites, coincide con los 20 años de su partida de este mundo.

Y sin duda que sus viejos lectores en México y en todas partes del mundo no pueden más que celebrarlo; y los nuevos –esos que apenas están por llegar– deben estar agradecidos porque el universo construido por el chileno en este libro es tan vigente en estos días donde existe enojo y desesperanza por las condiciones sociales que viven millones de personas día a día.

Donoso logró retratar hace más de 50 años la realidad de las zonas rurales de toda América Latina: el abuso del poder, caciques sin escrúpulos pero encantadores; comunidades sin luz que viven de las promesas políticas y decenas de personas que viven en la marginalidad –sin esperanza– pero con un orgullo que parece hasta grosero, que golpea en el rostro del que lee.

El autor también logró romper paradigmas con personajes como La Manuela, un hombre adulto que “es una loca”, un gay que se viste de mujer para salir a bailar en la casa de putas de La Japonesa y la Japonesita; y que defiende a toda costa –a pesar de burlas y humillaciones– su condición y su lugar en ese universo donosiano.

El cacique, Don Alejo, es un personaje encantador, político y solidario, que en el fondo esconde la avaricia y la voracidad de aquellos que por milenios se han aprovechado de los menos afortunados por circunstancia y decisión.

Llegar a El lugar sin límites, como lector, es similar a aterrizar en un espacio donde nadie debería existir pero donde quien lo hace es eterno; porque al pasar las páginas –en este caso las 150 de la edición de Alfaguara— uno se da cuenta que Donoso creó un lugar perfectamente imperfecto, donde la sociedad de ese pueblo, que es todos los pueblos latinoamericanos, es más inmoral y doble cara que aquellas almas danzantes que viven en el burdel donde el escritor chileno hace que todo y nada suceda: hay magia y fantasmas que recorren un lugar donde la electricidad jamás llegará, aunque el cacique siempre lo prometa.

Lo repito: hay lugares donde nadie debería llegar –como a la Luvina de Rulfo— pero hay unos cuantos que lo hacen y se vuelven inmortales. José Donoso y los personajes de El lugar sin límites ya lo son y los lectores de su obra alcanzarán esa condición si –y solo si– se dejan envolver en los brazos de un mundo imaginario lleno de contrariedades, así como el nuestro, el real.

José_Donoso,_1981

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