Cinco poemas de Leopoldo Marechal, el argentino apodado “buenosaires”

Hay escritores, poetas, dramaturgos que vinieron al mundo para ser tan grandes que el único lugar que les espera es el breve olvido.

Ese fue el caso de Leopoldo Marechal, quien obtuvo el Primer Premio de Poesía en Argentina y es autor de lo que muchos llaman “la novela fundamental de la literatura argentina”: Adán Buenosayres.

El problema para muchos con Marechal fue su apoyo incondicional al peronismo. Jorge Luis Borges fue uno de sus amigos de juventud, pero luego se distanció de él por sus posiciones políticas.

El gobierno que derrocó a Perón y a los suyos prohibió la obra de Leopoldo Marechal, lo condenó al olvido… aunque no por mucho tiempo.

Después del golpe que derrocó al peronismo, Marechal se exilió en Santiago de Chile. Vivió muchos años de aislamiento intelectual y casi al final de su vida volvió a publicar novelas y un ensayo.

Volvió a Buenos Aires, donde murió; pero hay una anécdota que cuentan sus estudiosos sin la cual no podríamos entender a este poeta: sus amigos de la infancia en Maipú, Chile, le decían “buenosaires” cada vez que los visitaba en vacaciones, porque era el único niño argentino que conocía y vivía, lógicamente, en la capital argentina.

Les dejamos cinco poemas de Marechal. Disfruten.

 

Del amor navegante

Porque no está el Amado en el Amante

Ni el Amante reposa en el Amado,

Tiende Amor su velamen castigado

Y afronta el ceño de la mar tonante.

 

Llora el Amor en su navío errante

Y a la tormenta libra su cuidado,

Porque son dos: Amante desterrado

Y Amado con perfil de navegante.

 

Si fuesen uno, Amor, no existiría

Ni llanto ni bajel ni lejanía,

Sino la beatitud de la azucena.

 

¡Oh amor sin remo, en la Unidad gozosa!

¡Oh círculo apretado de la rosa!

Con el número Dos nace la pena.

 

***

 

El amor es un robo me dijiste una tarde…

El amor es un robo -me dijiste una tarde-

robamos y nos roban, y así pasa de modo

que en los senderos quedan nuestras mejores galas

resecas como lirios que marchitó el otoño.

Han pasado los años y de nuevo tu imagen

cruzó por mis ideas con la luz de un meteoro,

y mirando en mi abismo y hallando mucha sombra

recuerdo tus palabras: El amor es un robo.

 

***

 

Oda didáctica de la mujer

 

Por eje de la tierra la pusieron,

de norte a sur atravesada.

El mundo gira sobre su mujer.

 

Escritos en su tabla resplandecen

los números primarios de la tierra:

el número que aguza

las pasiones del viento

y encabrita las aguas;

el número que da primaveras al mal

y verdor a la guerra;

el que dice los pesos y medidas

que a las armas convienen;

 

el que sabe los límites exactos

del amor con su sombra,

y el que renueva y lustra

la mocedad violenta de los días.

Guardadora de números la llamen

los que aprendan Mujer.

 

Hacia el norte limita con el cielo,

llorada realidad, ángel crecido;

al sur con la sabrosa pesadez de la tierra,

al este con el árbol,

con el buey al oeste.

Así la procelosa realidad

tiene su costa firme en la mujer:

en la mujer aviva su color y sonido

y enciende su coraje.

La mujer dice “Rosa”,

y en otro nacimiento se confirma la rosa.

 

Fraternidad gozada de las tres dimensiones

y los cuatro elementos:

así diga el que aprende la mujer y su número.

Porque tiene del Agua

desnudo el cuerpo y ágil el talón;

y sin perder su integridad .

cobra la forma de los vasos;

y del mar cejijunto aprende guerras,

o el gracioso talante, de la lluvia.

 

Como el Aire, levanta

de sí misma su viento.

Sabe, como la Tierra,

dar una faz al día

y otra faz a la noche;

y ejerce, como el Fuego, la virtud

de templar los metales.

 

Después, sobre nosotros,

viento, lluvia y hoguera, la mujer;

y la noche y el día,

y sal en nuestros ojos

o canto en nuestra lengua.

 

Un misterio la sigue: quien lo toque

nacerá para siempre.

 

***

 

De Sophía

 

Entre los bailarines y su danza

la vi cruzar, a mediodía, el huerto,

sola como la voz en el desierto,

pura como la recta de una lanza.

 

Su idioma era una flor en la balanza:

justo en la cifra, en el regalo cierto;

y su hermosura un territorio abierto

a la segura bienaventuranza.

 

Nadie la vio llegar: entre violines

festejaban oscuros bailarines

la navidad del fuego y del retoño.

 

¡Ay, sólo yo la he visto a mediodía!

Desnuda estaba y al Pasar decía:

“Mi señor tiene Un prado sin otoño”.

 

***

 

Definiciones

 

Te propongo, con ánimo docente,

Varias definiciones de tu cuerpo.

 

La viajera: “Es un traje de turismo,

entre los muchos que ha de usar tu ser

cumpliendo su moción helicoidal”.

 

La tenebrosa: “Es el cajón de muerte

o el ataúd grosero en que tu alma

yace y espera su liberación”.

 

La hotelera: “Tu cuerpo es una casa

que has de habitar un día y una noche”.

 

La fabril: “Es un útil de trabajo,

una herramienta noble (martillo, escoplo, arado)

con que realiza el alma sus oficios terrestres”.

 

Sea un útil o un traje, sea chalet o féretro,

cuidarás ese poco de tierra necesaria.

Ni adores a tu cuerpo ni le des latigazos:

es un buey de ojos tristes, pero muy obediente

si no lo abruma el yugo, ni le sobra la alfalfa.

 

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