10 poemas de Neruda a 113 años de su nacimiento

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto –Pablo Neruda para los cuates y lectores-, es sin duda alguna uno de los poetas más grandes del siglo XX y de la historia universal.

Su obra pasó por varios periodos estilísticos, pero los lectores en todo el mundo saben que Veinte poemas y una canción desesperada es, quizá, su libro más entrañable.

Pero Jamlet no quiere quedarse solo en los poemas que vienen en ese trabajo, sino que ha decidido escoger otros diez de sus preferidos que demuestran la grandeza del nacido en Parral, Chile.

 

Amor

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte

la leche de los senos como de un manantial,

por mirarte y sentirte a mi lado, y tenerte

en la risa de oro y la voz de cristal.

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos

y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,

porque tu ser pasara sin pena al lado mío

y saliera en la estrofa –limpio de todo mal–.

 

¡Cómo sabría amarte, mujer cómo sabría

amarte, amarte como nadie supo jamás!

Morir y todavía

amarte más.

Y todavía

amarte más.

 

***

 

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo…

 

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,

sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,

en regiones contrarias, en un mediodía quemante:

eras sólo el aroma de los cereales que amo.

 

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa

en Angola, a la luz de la luna de Junio,

o eras tú la cintura de aquella guitarra

que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.

 

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.

En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.

Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

 

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:

frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.

Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

 

***

 

Era mi corazón un ala viva y turbia…

 

Era mi corazón un ala viva y turbia…

un ala pavorosa llena de luz y anhelo.

Era la primavera sobre los campos verdes.

Azul era la altura y era esmeralda el suelo.

 

Ella -la que me amaba- se murió en primavera.

Recuerdo aún sus ojos de paloma en desvelo.

Ella -la que me amaba- cerro sus ojos… tarde.

Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos.

Ella -la que me amaba- se murió en primavera…

y se llevó la primavera al cielo.

 

***

 

Final

 

Matilde, años o días

dormidos, afiebrados,

aquí o allá,

clavando,

rompiendo el espinazo,

sangrando sangre verdadera,

despertando tal vez

o perdido, dormido:

camas clínicas, ventanas extranjeras,

vestidos blancos de las sigilosas,

la torpeza en los pies.

 

Luego estos viajes

y el mío mar de nuevo:

tu cabeza en la cabecera,

 

tus manos voladoras

en la luz, en mi luz,

sobre mi tierra.

 

Fue tan bello vivir

cuando vivías!

 

El mundo es más azul y más terrestre

de noche, cuando duermo

enorme, adentro de tus breves manos.

 

***

 

La luz que de tus pies sube a tu cabellera…

La luz que de tus pies sube a tu cabellera,

la turgencia que envuelve tu forma delicada,

no es de nácar marino, nunca de plata fría:

eres de pan, de pan amado por el fuego.

La harina levantó su granero contigo

y creció incrementada por la edad venturosa,

cuando los cereales duplicaron tu pecho

mi amor era el carbón trabajando en la tierra.

Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca,

pan que devoro y nace con luz cada mañana,

bienamada, bandera de las panaderías,

una lección de sangre te dio el fuego,

de la harina aprendiste a ser sagrada,

y del pan el idioma y el aroma.

 

***

 

Lamento lento

 

En la noche del corazón

la gota de tu nombre lento

en silencio circula y cae

y rompe y desarrolla su agua.

 

Algo quiere su leve daño

y su estima infinita y corta,

como el paso de un ser perdido

de pronto oído.

 

De pronto, de pronto escuchado

y repartido en el corazón

con triste insistencia y aumento

como un sueño frío de otoño.

 

La espesa rueda de la tierra

su llanta húmeda de olvido

hace rodar, cortando el tiempo

en mitades inaccesibles.

 

Sus copas duras cubren tu alma

derramada en la tierra fría

con sus pobres chispas azules

volando en la voz de la lluvia.

 

***

 

Me falta tiempo para celebrar tus cabellos…

Me falta tiempo para celebrar tus cabellos.

Uno por uno debo contarlos y alabarlos:

otros amantes quieren vivir con ciertos ojos,

yo sólo quiero ser tu peluquero.

En Italia te bautizaron Medusa

por la encrespada y alta luz de tu cabellera.

Yo te llamo chascona mía y enmarañada:

mi corazón conoce las puertas de tu pelo.

Cuando tú te extravíes en tus propios cabellos,

no me olvides, acuérdate que te amo,

no me dejes perdido ir sin tu cabellera.

 

***

 

Sed de ti

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.

Trémula mano roja que hasta su vida se alza.

Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.

Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas……

Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.

Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.

Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.

Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.

Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.

Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.

Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.

El alma está incendiada de estas brasas que te aman.

El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.

De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.

Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.

 

***

 

Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo…

Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo

y por las calles voy sin nutrirme, callado,

no me sostiene el pan, el alba me desquicia,

busco el sonido líquido de tus pies en el día.

Estoy hambriento de tu risa resbalada,

de tus manos color de furioso granero,

tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas,

quiero comer tu piel como una intacta almendra.

Quiero comer el rayo quemado en tu hermosura,

la nariz soberana del arrogante rostro,

quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas

y hambriento vengo y voy olfateando el crepúsculo

buscándote, buscando tu corazón caliente

como un puma en la soledad de Quitatrúe.

 

***

 

Y te perdí mujer. En el camino…

Y te perdí mujer. En el camino

me prendiste una lámpara fragante,

entonces se aromaron y se hicieron divinos

todos estos cansancios humildes y constantes

No sé si apenas eras una leyenda o eras

un río que afluía para todo dolor

pero si fue leyenda para mi

enfloreciste aromas dentro de mi canción.

 

Hiciste un semillero de ilusiones

que vivió ingenuamente en mi tristeza.

Lentamente. Fue el jugo de rencores

echados sobre el jugo de rencores

sobre el manto de la ilusión ingenua.

 

En mi torre de odios tuviste una ventana

(Un vidrio ilusionado, transparente y gentil.)

 

Ya se quebró. Es inútil que te llame mi amada

porque, mujer, en una negrura te perdí.

 

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