Carta de Angelina Beloff a Diego Rivera

Muchos años antes de que Diego Rivera se casara con Frida Kahlo, el muralista viajó a España y más tarde a París. En este lugar conoció a la rusa Angelina Beloff, que al igual que él se desempeñaba en la pintura.

Con Beloff se casó y mantuvo una relación de 10 años, e incluso ambos fueron padres de un hijo que murió por una epidemia de gripe.

Hace algunas décadas, Elena Poniatowska retomó la historia de ambos, pero a través del recurso epistolar. De este modo en Querido Diego, te abraza Quiela, da cuenta del dolor de la primera esposa de Rivera, al saberse lejos de su amor.

La carta que leerán a continuación es ficcionada; sin embargo no deja de ser verídica, pues incluso Diego Rivera dijo en algún momento: “Ella me dio todo lo que una mujer le puede dar a un hombre. En cambio, ella recibió de mí todo el dolor en el corazón y miseria que un hombre puede causarle a una mujer”.

La Liebre Lunar tiene en sus manos una de las cartas que aparecen en el libro de Poniatowska, y sin duda a varios les romperá el alma.

 

22 de julio de 1922

Parece haber transcurrido una eternidad desde que te escribí y sé de ti Diego. No había querido escribirte porque me resulta difícil callar ciertas cosas que albergo en mi corazón y de las cuales ahora sé a ciencia cierta que es inútil hablar. Tomo la pluma sólo porque juzgaría descortés no darte las gracias por el dinero que me has enviado. No lo hice por las tres últimas remesas de febrero 6, marzo 10 y principios de junio por 260, 297 y 300 francos respectivamente, y han pasado más de cuatro meses. Te mandé, eso sí, los nuevos grabados aparecidos en Floreal, pero ni una línea tuya al respecto. Tampoco una sola línea en las remesas de dinero. Si te dijera que hubiera preferido una línea al dinero, estaría mintiendo sólo en parte; preferiría tu amor es cierto, pero gracias al dinero he podido sobrevivir, mi situación económica es terriblemente precaria y he pensado en dejar la pintura, rendirme, conseguir un trabajo de institutriz, dactilógrafa o cualquier otra cosa durante ocho horas diarias, un abrutissement general con ida al cine o al teatro los sábados y paseo en Saint Cloud o Robinson los domingos. Pero no quiero eso. Estoy dispuesta a seguir en las mismas, con tal de poder dedicarme a la pintura y aceptar las consecuencias: la pobreza, las aflicciones y tus pesos mexicanos.

Ahora sé por Élie Faure de tu amor mexicano, pero mis sentimientos por ti no han cambiado ni me he buscado ni deseo yo un nuevo amor. Siento que tu amor mexicano puede ser pasajero porque tengo pruebas de que así suelen serlo. Sé que a Marievna tampoco le escribes; sólo remesas de dinero, pero ya no a través mío, para no herirme, sino de Adam Fisher. Ya ves que estoy bien enterada, no porque intente averiguarlo sino por tus amigos y los míos me lo dicen de golpe y porrazo sin duda alguna porque creen hacerme un bien al sacarme del sueño en el que vivo. Élie Faure fue claro: Angelina, usted siempre ha sido una mujer de un gran equilibrio y de buen sentido, tiene usted que rehacer su vida. Con Diego todo ha terminado y usted es demasiado valiosa. Ya no recuerdo lo que siguió diciendo porque no quise escucharlo, ni lo creí siquiera.

Cuando te fuiste Diego, todavía tenía ilusiones. Me pareció que a pesar de todo seguían firmes esos profundos vínculos que no deben romperse definitivamente, que todavía ambos podríamos sernos útiles el uno al otro. Lo que duele es pensar que ya no me necesitas para nada, tú que solías gritar: ¡Quiela! Como un hombre que se ahoga y pide que le echen al agua un salvavidas.

Pero ¡vamos! Podría seguir escribiendo indefinidamente, pero como tienes poco tiempo para desperdiciar, tal vez esta carta vaya resultado demasiado larga. Es inútil pedirte que me escribas, sin embargo deberías hacerlo. Sobre todo, contéstame esta carta que será la última con la que te importune, en la forma que creas conveniente pero en toutes lettres. No necesitas darme muchas explicaciones, unas cuantas palabras serán suficientes, un cable, la cosa es que me las digas. Para terminar te abrazo con afecto.

Quiela

P.S. ¿Qué opinas de mis grabados?

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