México y la inefable Copa de Oro #DiarioDeUnVillamelón

Villamelón tiene poco más de 30 años y más de 20 siguiendo lo que sucede en el futbol mexicano. Y ya nada le sorprende… Ni tampoco puede desilusionarlo. Eso sí, imaginar a aquellos que le rebasan, por mucho, en años y en angustias con el seleccionado lo abruma.

La selección mexicana es capaz de pelearle al tú por tú al campeón de Europa, Portugal –uno de las selecciones campeonas de la Euro más flojitas que se recuerdan– y jugar un partido horroroso contra una Jamaica que, hay que decirlo, ha mejorado con los años pero que sigue siendo una selección menor. Así de irregulares.

Lo curioso es que los jugadores se blindan de las críticas solapados por una federación que goza de una gran impunidad, gracias al control de los medios deportivos más importantes y de un mediocre espectáculo con el que muchos aficionados se conforman. Total, el dinero sigue y seguirá fluyendo.

Criticar la Copa de Oro está de más. Todos los que amamos el futbol sabemos que es un torneo que no sirve para nuestra selección más que para probar uno que otro jugador que podría llegar a los siguientes torneos de gran nivel.

Esa Copa –que ni es de oro y que muchos incluso califican de “molera”– sí ha servido, en cambio, a las selecciones centroamericanas y caribeñas para mejorar y darse, una que otra vez, una alegría ganándole a México o en su defecto a la otra selección igual de “grande” e inconsistente del continente: la de Estados Unidos.

Eso pasa con la Curazao, el próximo rival de México. Uno que otro triunfo contra México (en 1962 el más recordado) los hacen mantenerse entusiastas y saben que su única oportunidad para que el mundo del futbol profesional los vea es jugar esa cosa rara que es la Copa de Oro.

Curazao, con la mayoría de sus jugadores jugando en Inglaterra, Holanda  y Bélgica –claro, en equipo de media tabla para abajo– tiene una nueva gran oportunidad: ganarle de nuevo a una selección mexicana que no juega a nada y que vive, como desde hace muchos años, de glorias pasadas. Así que si Curazao gana, nadie se llame a sorpresa, porque de vez en cuando esos equipos nos dan el golpe despertador que siempre hace falta.

Y es que Villamelón no es malinchista –de hecho siempre quiere ver jugar bien y ganar a México–, pero es de los que cree que “la selección” debió ser eliminada del hexagonal para ir a Brasil 2014, a ver si así nos tocaba despertar. También opina que debería dejar la zona de confort que representa la Concacaf y jugar, como ya se propuso en el pasado, en la Conmebol (aunque también sabemos que tienen sus problemas y mañas) para poder medirse siempre contra selecciones fuertes, con ganas y virtudes de estar en un mundial.

¿Eso sucederá algún día? Ojalá a Villamelón le toque verlo.

(Y, sí, sí era penal. No supimos ganar. No sabemos.)

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