Literatura

Rendición: La ciudad perfecta, la ciudad sin amor

Por Jenifer Balderas

¿Se han preguntado cómo sería vivir en un mundo donde todos sean felices siempre; donde nada huela mal; donde no haya cansancio, dolor, ni ningún tipo de alteración que perjudique el entorno; donde no exista siquiera la oscuridad?

¿Se imaginan vivir en un mundo sin secretos y sin privacidad a costa de la “plenitud” colectiva?

Pues una utopía así –y digo utopía porque todo es ideal; no hay desempleo ni clases sociales, la educación es excelente al igual que el sistema de salud y las cosas funcionan sin un gobierno de por medio– es la que plantea Ray Loriga en su más reciente publicación, Rendición (Alfaguara, 2017), donde el personaje principal relata la travesía que pasa con su familia para llegar a “la ciudad transparente” y luego lo complicado que le resulta adaptarse a este nuevo mundo.

Sin embargo, ningún lugar debería de ser tan perfecto, como tampoco ninguna persona debería ser feliz de manera permanente y esa es precisamente la lección –si es que así se le puede llamar– de esta novela ganadora del premio Alfaguara 2017.

Rendición es una novela con principios orwellianos que apela a la premisa de que la nostalgia, la tristeza, el enojo o la indignación son elementos que constituyen a una persona y no necesariamente la consciencia.

Rendición, como lo indica el nombre, es la historia de los vencidos, de los que se entregaron al futuro incierto –o definido sin opción de cambios– sin rechistar, de los que se rindieron luego de una guerra que acabó con todo y permitió el resurgimiento de una sociedad en donde no importa el amor ni la privacidad porque nadie anhela ni le preocupa nada.

Al principio les preguntaba si se imaginaban habitando un mundo perfecto, y estoy segura de que muchos asintieron, porque todos hemos anhelado una vida sin perturbaciones, por eso reformulo mi cuestión: ¿a costa de qué estarían dispuestos a vivir la perfección?

En la novela de Ray Loriga, los personajes no saben que el sacrificio será el amor, el cual pasará a la historia una vez que hayan cruzado las puertas de la ciudad de cristal, y lo que al principio parecía puro e inquebrantable se convertirá en poco menos que un recuerdo.

¿Ustedes serían capaces de entregar el amor a cambio de la plenitud? O mejor aún… ¿Ustedes creen que hay plenitud sin amor?

En lo personal puedo decir que no, y por eso me siento tranquila al saber que los muros de mi casa son de concreto y puedo compartir –en privacidad– una foto –o varias– en mis redes sociales donde dejó al descubierto mi vida perfecta…

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