Liebre Lunar

Carta de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra

Esta semana llegó a la Liebre Lunar una carta reveladora: la que en 1960 Rosario Castellanos le escribió a su entonces esposo, Ricardo Guerra, cuando ella se encontraba de viaje por Estados Unidos en compañía de su hijo, Gabriel y su amiga Dolores Castro.

La misiva delata infelicidad en la Castellanos que escribe y es que a pesar de haber formado una familia y de tener una vida profesional exitosa, la poeta –al parecer– nunca encontró se sintió plena.

Mi querido Ricardo:

Aquí estamos los tres, amontonados en un cuarto, después de un viaje en el que atravesamos Wisconsin, Indiana, Pennsylvania, Philadelphia, New Jersey y llegamos, por fin, a este lugar incomprensible.

Gabriel aprovecha la anormalidad de la situación para organizar unos berrinches espeluznantes, para agredir con una brutalidad de palabra y obra y para dar rienda suelta a sus obsesiones que ahora son la muerte y el suicidio. No le compres un juguete, amenaza al canto, revolcarse en el suelo, gritar que va a tirarse por la ventana, etc.

Yo he procurado hacer lo que supongo que le divierte a él. Fuimos al Museo de Historia Natural, al zoológico, a ver aparadores y tiendas. Mientras más se esmera uno en complacerlo más tiránico e irracional se muestra. Yo hago como que no le hago caso, porque inmediatamente después le entra un ataque de arrepentimiento, de llanto y de cariño. Pero me agota mucho este pastoreo a esta criatura que, en principio, dice a todo que no, que hay que convencer, a veces por las buenas, a veces por las malas, a veces no mostrando el menor interés. Herlinda es muy jaladora y está entristecida y me ayuda mucho, pero también tengo que guiarla casi íntegramente. Luisa ha tenido que dedicar tiempo a su familia y abandonarnos a poco a nuestra suerte.

En cuanto a mí, estoy haciendo un gran esfuerzo para funcionar, pero tengo una sensación tan aguda de inexistencia, de muerte, de que he sido definitivamente mutilada de lo que era mi sustento y de que me estoy convirtiendo en algo que todavía no sé qué es pero será infinitamente más pobre y más triste de lo que era antes. En fin, las medicinas me deprimen muchísimo y prefiero la angustia y la náusea. Es inútil que yo vea nada y, vaya a donde vaya, nada me interesa, nada me distrae, no salgo de ese pozo negro donde caí hace mucho tiempo.

[en la cuarta cara, mayúsculas de Gabriel]

Papá, te quiero mucho y es un hotel muy chico. Papá ya estamos en Nueva York. Y es una ciudad muy grande. Papá, fui a ver los animales y esqueletos de dinosaurios y me gustó más el tigre y el león y los changuitos y un gorila también me gustó. Papá te quiero mucho me gustó lo que fui a ver al Museo de Historia Natural y vi cuando todavía no nacían los nenes chiquitos y fuimos al cine a ver Yanco estaba en náhuatl. Ya sé manejar todas las máquinas automáticas y compro chocolates y dulces y juguetes y refrescos, me porto muy bien. Extraño mucho a mis hermanos, quiero una foto de ellos. Besitos.

Gabriel

Rosario

Riverside, New York

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