Amityville: el despertar – Caronte: Crónicas al inframundo

 Por Jim (@DirectorJim)

¡Saludos, viajeros a lo desconocido! Cuando hablamos de casas embrujadas, es imposible no mencionar el caso de Amityville, que pasó de ser un crimen atroz a inmortalizarse como un mito moderno del horror (o un fraude, depende a quién le hagan caso), el cual, obviamente, hay que explotar cada cierto tiempo. ¿Será que en su 19ª entrega todavía nos guarda un par de sustos?

“Empecemos con el metraje del caso original para dejar en claro que está basada en hechos reales”, dijo algún productor que, o no ha visto cine en los últimos treinta años, o gusta de repetir la fórmula. Como sea, entramos en ambiente y conocemos a Joan y a sus hijas, Belle y Juliet, quienes se mudan para ahorrar dinero ya que deben cuidar a un comatoso Jimmy, gemelo de Belle (cof, La noche del demonio, cof).

Ella no ha tomado muy bien este cambio: en una clara muestra de amor fraternal, se la pasa abogando por desconectar a su hermano, lo cual le trae muchos conflictos con su madre. Además, como es una “darks” antisocial, no se halla en su nueva escuela, y para colmo, en la casa empiezan a ocurrir fenómenos muy extraños (los cuales acontecen siempre que está en calzones).

De aquí en adelante, ocurren los acontecimientos de ley para el género: puertas y ventanas que se abren solas, apariciones extrañas, sueños perturbadores, visiones sobre el pasado, la repentina mejoría del hermano…. Su ejecución es limpia, con un ritmo decente (incluso si sólo recurren al jumpscare), pero nada innovador o sobresaliente.

De hecho, parece que la cinta ni siquiera se toma en serio a sí misma, al grado de que, en algún punto, los personajes se ponen a ver las primeras cintas sobre Amityville, un momento que baila peligrosamente entre la autoparodia de la saga y el comercial, como si ésta fuera para venderte esas. Tal vez, de haber explorado un poco más por ese camino, pudimos obtener algo similar a lo que Scream consiguió en su tiempo.

Esto se aprecia con el pequeño giro en el papel de Joan (aunque más tarde lo arruinen), acentuado por el talento de Jennifer Jason Leigh, quien puede transmitir por igual una imagen de maternidad, rencor o locura. Por otro lado, Cameron Monaghan nació para hacerla de loco, con un semblante y movimientos que incomodan y perturban. Los demás actores cumplen bien con su trabajo, y los momentos más lentos tratarás de adivinar dónde los has visto antes.

Lamentablemente, el final es todo menos “aterrador”, pues deja fuera un montón de elementos que pudieron aprovecharse (personajes o habilidades de la casa) y las pocas bajas que ocurren resultan intrascendentes, por lo que podemos considerarlo un final demasiado feliz, pese lo que esa seria voz en off quiera hacernos creer.

¿El veredicto del barquero? “Motelazo” de horror: En éste lugar no hay que quedarse más que un par de horas. Con una pasada, la cinta cumple apenas con su propósito de hacerte brincar, porque pedirle gritos ya sería mucho. El elenco está en su punto; de hecho, son ellos quienes sostienen esta cinta. ¡Lástima de la historia tan genérica! Tal vez, con un mejor guión, éste pudo ser un viaje memorable a Amityville.

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