Literatura

Cinco poemas de Álvaro Mutis que te harán desear estar en el mar

Álvaro Mutis, novelista y poeta colombiano, es uno de los autores más reconocidos de latinoamérica por su vasta obra… y por haber creado uno de los personajes más entrañables de la literatura en habla hispana: Maqroll el Gaviero.

Su obra poética, que no formaba parte de estilos ni grupos, es una prueba de la maestría que este colombiano –amigo y primer lector de los escritos de Gabriel García Márquez-– tenía a la hora de regalarnos en historias y versos.

Por esa razón es que Jamlet decidió compartirles estos cinco poemas que son sus preferidos.

 

Letanía

Esta era la letanía recitada por el gaviero mientras se bañaba

las torrenteras del delta:

Agonía de los oscuros

recoge tus frutos.

Miedo de los mayores

disuelve la esperanza.

Ansia de los débiles

mitiga tus ramas.

Agua de los muertos

mide tu cauce.

Campana de las minas

modera tus voces.

Orgullo del deseo

olvida tus dones.

Herencia de los fuertes

rinde tus armas.

Llanto de las olvidadas

rescata tus frutos.

Y así seguía indefinidamente mientras el ruido de las aguas

ahogaba su voz y la tarde refrescaba sus carnes laceradas por

los oficios más variados y oscuros.

 

***

 

Ciudad

Un llanto

un llanto de mujer

interminable,

sosegado,

casi tranquilo.

En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.

Primero un ruido de cerradura,

después unos pies que vacilan

y luego, de pronto, el llanto.

Suspiros intermitentes

como caídos de un agua interior,

densa,

imperiosa,

inagotable,

como esclusa que acumula y libera sus aguas

o como hélice secreta

que detiene y reanuda su trabajo

trasegando el blanco tiempo de la noche.

Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,

hasta los solares donde se amontonan las basuras,

bajo las cúpulas de los hospitales,

sobre las terrazas del verano,

en las discretas celdas de la prostitución,

en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,

con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,

en las medallas que reposan en joyeros de teca,

un llanto de mujer que ha llorado largamente

en el cuarto vecino,

por todos los que cavan su tumba en el sueño,

por los que vigilan la mina del tiempo,

por mí que lo escucho

sin conocer otra cosa

que su frágil rodar por la intemperie

persiguiendo las calladas arenas del alba.

 

***

 

El deseo

 

Hay que inventar una nueva soledad para el deseo. Una vasta  soledad de delgadas orillas

en donde se extienda a sus anchas  el ronco sonido del deseo. Abramos de nuevo todas las

venas del placer. Que salten los altos surtidores no importa hacia dónde.

Nada se ha hecho aún. Cuando teníamos algo andado, alguien se detuvo en el camino para ordenar sus vestiduras y todos se detuvieron tras él. Sigamos la marcha. Hay cauces secos

en donde pueden viajar aún aguas magníficas.

Recordad las bestias de que hablábamos. Ellas pueden ayudarnos antes de que sea tarde

y torne la charanga a enturbiar el cielo con su música estridente.

 

***

 

Sonata

 

Otra vez el tiempo te ha traído

al cerco de mis sueños funerales.

Tu piel, cierta humedad salina,

tus ojos asombrados de otros días,

con tu voz han venido, con tu pelo.

El tiempo, muchacha, que trabaja

como loba que entierra a sus cachorros

como óxido en las armas de caza,

como alga en la quilla del navío,

como lengua que lame la sal de los dormidos,

como el aire que sube de las minas,

cono tren en la noche de las páramos.

De su opaco trabajo nos nutrimos

como pan de cristiano o rancia carne

que enjuta la fiebre de los ghettos

a la sombra del tiempo, amiga mía,

un agua mansa de acequia me devuelve

lo que guardo de ti para ayudarme

a llegar hasta el fin de cada día.

De “Los trabajos perdidos”

 

***

 

Nocturno 3

 

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.

Sobre las hojas de plátano,

sobre las altas ramas de los cámbulos,

ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima

que crece las acequias y comienza a henchir los ríos

que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.

La lluvia sobre el zinc de los tejados

canta su presencia y me aleja del sueño

hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,

en la noche fresquísima que chorrea

por entre la bóveda de los cafetos

y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.

Ahora, de repente, en mitad de la noche

ha regresado la lluvia sobre los cafetales

y entre el vocerío vegetal de las aguas

me llega la intacta materia de otros días

salvada del ajeno trabajo de los años.

 

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1 comment on “Cinco poemas de Álvaro Mutis que te harán desear estar en el mar

  1. hola esta muy bueno graciassssss

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