Literatura

Cinco poemas de Carmen Boullosa perfectos para leer bajo la lluvia

La escritora mexicana Carmen Boullosa, es una de las autoras más laureadas en el ámbito literario a nivel mundial. Y es que  su obra incluye novelas, obras de teatro y una voz poética limpia, directa y cargada de pasión que la distinguen del resto.

Boullosa –que nació el 4 de septiembre de 1954– no solo se dedica a su labor de autora sino también de promotora cultural, y a lo largo de su vida ha emprendido proyectos que ayudaron a que las letras llegaran a mucho más personas.

A manera de homenaje en vida, Jamlet eligió cinco poemas de esta gran poeta mexicana.

 

Tu cuerpo pulsado por sí mismo…

Tu cuerpo pulsado por sí mismo

es en mis oídos viento claro y fresco,

sonido límpido del cobre y del aliento:

 

eres tus labios rezumantes de lima,

eres tus ojos recubiertos de bruma,

eres tu mano fina ciñéndose cierva:

 

porque en ti anida el mar, eres su guía,

y de ti la más torpe raíz bebe su espina:

 

porque tú eres el viento

y eres también la boca virgen

que muchos metros ocultan.

 

***

 

La memoria vacía

 

  1. Trato de oscurecer con mi sombra la tierra del exilio, mi

tierra, ocultarme a la memoria vacía.

No tengo origen.

 

Formo con mis hermanas un muro inabordable.

Nos cegamos a la tierra que alarga el día de luminoso júbilo,

a sus ojos brillantes donde brotan ciruelas jugosas

y dulces, los animales cálidos y huidizos;

al día de paredes traslúcidas, de corrales abiertos y campos

poseídos por el secreto que han murmurado las semillas al abrirse

 

He llegado al término de mi sombra: el día tiene abiertos los

muslos y se entrega al gozo insaciable de los hombres.

 

  1. En medio de este estruendo,

del golpeteo de las alas locas del viento sobre el llano,

del silbido deslumbrante con el que el río corteja a las plácidas nubes,

los hombres recuestan su cuerpo amoroso sobre el torso del día,

hacen de la mañana al ritmo de su cuerpo.

 

Y nosotras,

hechas de un material que se resiste al cortejo del tiempo,

templadas en el silencio firme,

tratamos de permanecer

aunque no tenemos casa,

aunque estamos desprovistas frente al cauce ajeno.

 

Nos trenzamos entre nosotras los labios con los labios:

ésta es la palabra de las tres: nuestra palabra.

 

(Oigo un crepitar en el fuego: los pechos de las mujeres se desprenden

del deseo como frutos maduros. Los pechos de las mujeres:

panes recién cocidos.)

 

***

 

El hilo olvida

 

El hilo olvida,

pierde la memoria que le dicta la postura de sus hilazas y se descompone.

No sabe cómo curvarse para tener la forma del carrete.

 

El hilo se deshila y entra, indócil, como traspasando

                                                el filo de un grueso cuchillo, en la sabana densa,

en las guías de las hojas del guayabo, en el tallo tranquilo

que se convierte en raíz sin subordinarse, silencioso

y tenaz hasta alcanzar la caña, hasta ser la húmeda tierra.

 

Pero no es de ti de quien debo hablar sino de la sorda persecución

que he proseguido hoy de mi oído a mi otro oído.

De oreja a oreja corro cuando llego más lejos.

La sorda persecución de la cólera.

 

Y tú duermes.

Descansas simulando agitar con tu respiración el viento.

De oreja a oreja corro;

nada puede detener mi marcha; nada la olvida.

Y no escucho la única palabra que podría detener este

silencio desflorado.

 

(Tú duermes.

Acaricias el borde de mi cuerpo,

simulando.)

 

De oreja a oreja.

Nada puede traspasar un silencio que de oreja a oreja

corre protegido por el pabellón vegetal de su sordera.

 

***

 

Bebida

 

Bebo la oscuridad del incrédulo

del vaso de tu boca. Tomo por hueso

el beso, que es desnudo y es del muerto

el habla, y es del vivo adorno, es rulo,

verdad, afeite, máscara y desnudo.

Recibo del abrazo el rasgón. Sueño

de tu ojo la afección por mí, luego

el consuelo y el amor. Tiemblo. Dudo.

Quiero beber, tomar, recibir. ¡Dame,

golpea tu espada en mí, abre, hiéreme,

riega lo que ningún líquido lave!

Márcame, rásgame con el filo de tu sable.

Quita matando que cobarde teme

la temerosa de mi nombre. Te digo: ¡dame!

 

***

 

Agua oscura

 

Es hablar de la llanura que se quiebra en la noche,

interminablemente oscura,

que se desborda al horizonte, silenciosa y sin límite

 

El círculo roto, el murmullo que desatendido se multiplica,

se convierte en un ejército con mil frentes,

sonido inacabable, incomprensión inacabable

 

(es tu olor la firmeza única,

la única sobrevivencia del sabor del día)

 

Tengo abiertas las manos para tocar la caída de agua oscura

que en múltiples texturas se desenmaraña

He abierto conscientemente las manos: nada me detiene, nada detengo.

En esta limpia fluidez tumultuosa perdí el modo de jugar la ronda:

En este movimiento he dejado el último resquicio virgen al movimiento,

el último e infinito resguardo.

 

Ya nada me distingue del mundo.

 

-Sí, tú eres la firmeza única, el momento cierto que me espera

a un lado de la noche para abordarme, pero eres el único eco capaz

de nombrar lo que ejerce la oscuridad sobre la llanura-

 

Ya nada me distingue del mundo porque nada detengo.

Pero (sopla lento el viento) cada partícula de polvo, cada gota de agua

que viene en el viento, un instante antes de entrar en mí se detiene.

Nada me distingue del mundo, es cierto, pero nada me traspasa.

Todo, justo un instante antes de perforarme, me señala, me sostiene, me demarca.

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