Cinco poemas de D. H. Lawrence, el peregrino salvaje

El escritor inglés D. H. Lawrence es mayormente conocido por sus novelas y libros de viaje, pero su obra poética también es grande e interesante a la vez.

Con más de ochenta poemas, Lawrence se ganó el respeto de los escritores de su época, a pesar de ser un autor condenado debido a sus textos con alto contenido sexual y su crítica a la industrialización de la sociedad. 

Censurado muchas veces -por lo que prefirió el autoexilio al que nombró “peregrinación salvaje”-, Lawrence siempre tuvo el ingenio para hacerse leer y escuchar, y por eso que Jamlet rastreó estos seis poemas para que los amigos de este espacio no se queden sin leer al novelista y poeta inglés.

 

Íntimos

 

¿No te interesa mi amor? -me preguntó con amargura.

 

Le alcancé el espejo y dije:

¡Tenga a bien dirigirle esas preguntas a quien corresponda!

¡Tenga a bien formular sus pedidos a la central!

¡En todas las cuestiones de importancia emocional,

diríjase directamente a la suprema autoridad!

 

De modo que le pasé el espejo.

 

Y en la cabeza me lo hubiera partido,

pero entonces se fijó en su reflejo.

Fascinada, sus ojos lo observaron, perplejos,

mientras yo huía.

 

***

 

Últimas palabras a Miriam

 

Nuestra es la vergüenza y el dolor

pero la desgracia es sólo mía;

tu amor fue oscuro y profundo,

el mío fue como el amor del sol por las flores

que crea con su brillo.

 

Yo era diligente para explorarte,

floreciendo tallo por tallo,

hasta que el fuego de mi creación te arrojó

quemando hacia la última frontera de la Angustia,

entonces fui rechazado.

 

Conocí tu dolor, y quebró

mi delicado nervio de artesano;

tu cuerpo se encogió en mi pulso,

y mi coraje fracasó al intentar darte

la última y bella tortura que merecías.

 

Eres esbelta, adornada,

pero opaca y abatida en la carne,

la cual, habiéndola penetrado con implacable

y ardiente angustia, fue consumida

en una adorable y brillante mortaja.

 

Como una ventana pintada: el refinado

sufrimiento arde a través de tu carne,

sesnúdala y bendícela con la temblorosa

dulzura de la sabiduría: porque ahora

¿Quién se llenará de nuevo en tí?

 

¿A quién consumirás en libertad,

con la escoria y el terror de tu cuerpo,

desde que tu fuego ha fracasado en mí?

¿Qué hombre se inclinará sobre tu carne

para penetrarla con la gimiente cruz?

 

Una silenciosa, casi una cosa bella es tu rostro,

que me llena de vergüenza

al verlo endurecer,

torciendo la imagen perfecta de Dios,

y oscureciendo mi eterna fama.

 

***

 

Misterio

 

Soy un enorme

tazón de besos,

como el alto

y delgado cuenco

llenado en Egipto

para los excesos de Dios.

 

Alcé hacia ti

mi tazón de besos,

y a través del receso

azul del templo,

lloré hacia ti

con salvajes caricias.

 

Y hacia mis labios

la pasión deslizó

un rubor brillante,

y por mi silueta

blanca y delgada fluyó

el himno tonante.

 

De pie frente al altar

ofrecí el cáliz,

y lloré hacia el cielo,

para que te inclines

y bebas, oh, Señor.

 

Oh, bebed mi cuerpo,

que tal vez yo sea

el interior del cuenco,

como un misterio,

como el vino inmóvil

en el éxtasis.

 

Brillantes todavía

en el éxtasis,

vinos mezclados

de ti y de mí,

en un completo

y absoluto Misterio.

 

***

 

Gloria

 


Gloria, también, es el sol; y el sol de los soles.
porque  por debajo de los  ejes de  sus esplendidos piñones
corre el pequeño río de la paz.
La mayor parte del  tiempo el tigre vagabundea en una paz
ardiente.

Y en lo alto el águila pequeña vuelve a dar vueltas el lento pivote de la paz.

La paz viene desde más allá del sol, con el halcón peregrino y la lechuza.

Sin embargo, todos ellos beben sangre

 

***

 

Lo salvaje en cautividad
Cuando lo salvaje permanece en cautividad
Sin reproducirse
Se vuelve melancólico.
Y muere.

Todos los hombres están cautivos.
Cautivos de una actividad cautiva.
Y aunque lo ignoren
Los mejores no pueden reproducirse

La gran jaula de nuestra domesticación
Mato el sexo en el hombre; la simpleza del
Deseo es distorsionada, desviada y retorcida.

Y con la amarga perversidad
Apretándolos adversamente
En la juventud odian, copulan y lloran.

El sexo es un estado de gracia. En una jaula
No puede tener lugar.
Entonces hay que destruirla.
Para volver a probar.

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