Carta de Leopoldo Lugones a Emilia Cadelago

¿Alguna vez se han enamorado? La Liebre Lunar sí, sólo lo hizo una vez… Pero esa es otra historia; sin embargo, cada vez que lee la correspondencia de dos amantes recuerda su experiencia con el amor, a veces sonríe, otras llora…

En esta ocasión la liebrecilla tiene emociones encontradas, porque está segura de que el amor que Leopoldo Lugones sentía por Emilia Cadelago era tan real, tan puro, que al verlo perdido se volvió loco y prefirió quitarse la vida.

Si era amor verdadero, ¿por qué se siente confundida la guardiana lunar? Fácil… Porque esa relación era extramarital, porque Lugones nunca tuvo el valor de defender ese amor y porque fue más fácil para él terminarlo y años más tarde beber cianuro de potasio con whisky antes que enfrentar a su hijo y pasar el resto de su vida con la mujer que lo inspiró a escribir los versos más apasionados de su carrera como poeta.  
Mi amor adorado:
Ayer domingo á medio día recibí tu cartita preciosa. Todo anduvo pues, perfectamente, como te lo había asegurado, y así continuará. Cuánto y cuánto te quiero, mi dulzura lejana. No hago ni he hecho más que recordarte y padecer con tu ausencia, y así será, querido amor, hasta que vuelta á verte. ¿Cuando?…
Esto es, en realidad, cuánto tengo que contarte, fuera de mi aburrimiento que tan poca novedad ofrece de suyo. Solo una observación que corresponda á cierta advertencia de mi bien amada: las mujeres lindas han dejado de existir acá. No hay una sola, ni siquiera para comparar. Y el mar y la luz, que suelen ser tan hermosos, tampoco valen nada. Ahora son mucho mejores las polvaredas y los mosquitos de Bolívar. Quién estuviera allá. Quiero que me diga ella que está muy preciosa y que se pondrá mejor porque no debe olvidar que el tesoro es ahora ajeno. ¿Cierto mi chiquita?
Me alegro del sobresalto sin consecuencias que causó la tarjeta. Claro que los dioses protegen nuestro amor. Por esto no hay que oír á los diablillos malévolos, sino al ángel creado en la luz por nuestros suspiros, nuestras caricias y nuestros besos. Con todo, me interesaría saber qué dijeron los diablillos para pegarles una buena paliza.
Amor adorado, beso todos los días tu retrato y tu rizo, con tanta tristeza -y tanta dicha a la vez… Dime mucho que me quieres, mi dulzura, y piensa que nunca, nunca, me querrás más qué yo á tí.

O. de P.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: