La guerra de los mundos en la vida natural

Por Sarai Jerónimo-Aguilar

Hace algunos días Diego Landín (sí, quien me invitó a unirme a Jamlet) me pasó el link de una nota de El País titulada: “El tsunami de 2011 provoca una de las mayores migraciones marinas de la historia”. Cuando comencé a leerla de inmediato recordé artículos científicos que he leído sobre el tema, así como algunas clases durante la carrera. Luego, cuando se menciona en el artículo el proyecto del Biólogo Jonh Champman de la Universidad de Oregón, fue que decidí la temática de la cual escribiría la siguiente vez para el inculto de Jamlet.

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Compleja comunidad incrustante

Ya sé, no les he dicho absolutamente nada en este primer párrafo, pero es que fue ya tanto sin escribir para ustedes que ni sé cómo empezar. Retomando el tema, el proyecto de este biólogo norteamericano, en síntesis, gira en torno a la determinación de todas las especies de animales polizones que observó crecer sobre diversos materiales antropogénicos, removidos por el tsunami que había azotado la ciudad japonesa de Misawa y que ahora él podía ver regados en las playas de Oregon. Dentro de este grupo de organismos viajeros encontraron especies de anémonas, percebes (crustáceos), moluscos y hasta pequeños peces creciendo en la complejidad tridimensional que proporcionan los primeros dos. Quise utilizar esta situación para contextualizarlos y juntos preguntarnos con respecto a las especies que vemos en un determinado lugar… ¿Cómo fue que llegaron a habitar ahí?

Partiendo de esta cuestión, entremos un poco en terminología y retomemos también de a poco la nota ya mencionada, pues me parece muy interesante el enfoque de Champman, quien al caminar por la playa observó un montón de vida incrustada en cada uno de los fragmentos de una ciudad del otro lado del océano y se preguntó ¿quiénes son estos viajeros que llegaron hasta acá de tan lejos? Y además ¿qué procesos tuvieron que haber resistido para lograrlo? Respondamos estas preguntas entonces.

El rafting es un proceso mediante el cual seres vivos que se adhieren a una estructura –u otro organismo– no fija son desplazados de sus lugares de origen (en el cual se les considera como ESPECIES NATIVAS) a otro sitio. Este proceso no puede ser realizado por cualquier ser vivo, pues las condiciones a las que se encaran son muy duras, ya que al ser un elemento flotante que deriva, puede no llegar rápidamente a otra playa, por lo que los períodos sin alimento y de exposición a una radiación extrema son las únicas cosas certeras al aventurarse hacia mar abierto.

Las estrategias para sobrevivir de estos organismos son diferentes y aún no todas son estudiadas del todo; una de ellas consiste en entrar en una especie de estado de latencia con la cual modifican fuertemente el funcionamiento del metabolismo para evitar el daño a su sistema ante la falta de alimento, para que así al llegar a un sitio adecuado logren la proliferación.

Al sobrevivir en esta odisea, los organismos que llegan son entonces mucho más resistentes ante condiciones precarias, por lo cual tienen mayor posibilidades de subsistir en comparación con aquellas especies nativas. Es aquí donde sale a flote (literal) el tema de ESPECIES INVASORAS.

Las especies invasoras son aquellas que no se originaron en ese sitio, son como la visita incómoda que no sabes cuanto tiempo se quedará; de hecho, que ni siquiera sabes si algún día se irá. Al desconocer el tiempo de permanencia los comportamientos de competencia muchas veces se presentan después de que el número de individuos invasores ya es representativo, cuando la lucha por los recursos se hace inevitable. En la mayoría de los casos, y por causas que ya mencionamos, los organismos que llegan como nuevos habitantes cuentan con poderosas herramientas de sobrevivencia, por lo que terminan desplazando a las especies nativas, ya sea por el consumo de la misma fuente alimenticia, o inclusive por depredación de los mismos competidores. De igual manera, al no pertenecer a ese sistema trófico, no tienen pues a un depredador natural, colocándose de inmediato en topes finales de las redes tróficas.

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La percepción real de las especies nativas ante la llegada de individuos ajenos a
su hábitat

Es en esta parte de la historia cuando me parece conveniente mencionar nuestra especie, pues los seres humanos hemos participado activa y directamente en estos procesos de invasión. Tomando el ejemplo del rafting de invertebrados hacia las costas de Oregon, podemos darnos cuenta de que todos esos elementos flotantes que transportaron a las especies, son producto de los asentamientos costeros que terminan –por diversas razones– en el mar y después derivando en el océano. Además, esta no es la única forma en la que las especies son transportadas –a pesar de ser fijas– a otros puntos del planeta. Otro ejemplo común y bien documentado es el del transporte de montones de organismos por las aguas de lastre que ocupan los barcos para regular su flotabilidad en altamar, es así que al llegar a los puertos y para evitar encallamientos sueltan grandes volúmenes de agua que cargaron en mares con diferentes composiciones químicas y biológicas. Entregando a los hábitats a los que llegan cargas diversas de invasores, listas para aprovechar las condiciones favorables del nuevo sitio.

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Explicación gráfica de la utilización del agua de lastre y del acarreo de
organismos en ella

La última forma –y no por ello menos importante– que quisiera enumerar, en la que participamos como especie, nos refiere a la clásica escena en la que el dueño de la tortuga japonesa que ya no puede cuidarla “porque ya creció mucho” –como si un ser vivo no comiera y se desarrollara– es “liberada” al primer cuerpo de agua que se cruza en el camino del individuo irresponsable –¡uufff!, de antemano una disculpa, por el exceso en la utilización de las sarcásticas comillas, pero es que no logro entender a mi especie–, sin importar las condiciones del hábitat que ahora es su nuevo hogar y sin pensar en las especies que viven ya en el lugar. Así es como la voraz tortuga entra al agua a consumir cual pez, larva o insecto que se le ponga enfrente, descolocando entonces el organigrama alimenticio natural. Esta situación, puede apreciarse a una mayor escala trayendo a la mesa un ejemplo bien famoso y conocido como lo es el de la inserción del pez león al Océano Atlántico por gente involucrada con la acuariofilia. En este caso específicamente por el hecho de ser un depredador, este pez cuenta con espinas venenosas las cuales por mucho tiempo evitaron que alguien lo consumiera, fue aquí donde muchos expertos en el tema comenzaron a promover el consumo humano del pez, así como campañas de pesca para erradicación del mismo de arrecifes caribeños.

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El león de los arrecifes, pero no necesariamente de los de todo el mundo

Como hemos podido ver, mucho hemos hecho para modificar la composición específica de muchos hábitats, llevando a niveles de estrés a todas aquellas especies originarias de los mismos. Respetemos los procesos internos de cada sitio y evitemos la perturbación de las especies que sin esperarlo tienen que competir con organismos que de entrada traen un armamento adaptativo difícil de vencer.

 

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