Siete poemas de Fernando Pessoa, el maestro del desasosiego

Para muchos críticos y lectores, Fernando Pessoa es el mejor escritor portugués del Siglo XX. Sin embargo, Jamlet no quiere meterse en ese tipo de batallas y solo quiere reconocer que en las letras de este hombre ha encontrado un refugio debido a que su maestría envuelve a la poesía, la novela, el ensayo, los cuentos y las traducciones.

Pessoa tuvo más de 70 heterónimos que, a diferencia de los pseudónimos, son personalidades creadas por el portugués con una historia y una identidad artística distinta a la del autor. Es decir, que en la obra poética de Pessoa, hay muchas personalidades como la de Álvaro Campos o Alberto Caeiro que escribieron poemas utilizando al escritor como “conducto”.

Se dice, además, que incluso con esas identidades falsas el mismo Pessoa escribió críticas contra su obra.

Pero para descubrir la genialidad del portugés, Jamlet eligió sus siete poemas favoritos. ¡Disfruten!

 

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación…

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación

De no yacer en mí mismo desnudo

Con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón

En un último, austero alarido!

 

Hablo -las palabras que digo son nada más un sonido:

Sufro -Soy yo.

Ah, extraer de la música el secreto, el tono

De su alarido!

 

Ah, la furia -aflicción que grita en vano

Pues los gritos se tensan

Y alcanzan el silencio traído por el aire

En la noche, nada más allí!

 

Enero 15 de 1920

 

***

 

Como si cada beso…

Como si cada beso

Fuera de despedida,

Cloé mía, besémonos, amando.

Tal vez ya nos toque

En el hombro la mano que llama

A la barca que no viene sino vacía;

Y que en el mismo haz

Ata lo que fuimos mutuamente

Y la ajena suma universal de la vida.

 

***

 

En la gran oscilación…

 

En la gran oscilación

Entre creer y no creer,

El corazón se trastorna

Lleno de nada saber

 

Y, ajeno a lo que sabía

Por no saber lo que es,

Sólo un instante le cabe

Que es el conocer la fe-

 

Fe que los astros conocen

Porque es la araña que está

En la tela que ellos tejen,

Y es vida que había ya.

 

***

 

He pasado toda la noche sin dormir, viendo…

He pasado toda la noche sin dormir, viendo,

sin espacio tu figura.

Y viéndola siempre de maneras diferentes

de como ella me parece.

Hago pensamientos con el recuerdo de lo que

es ella cuando me habla,

y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo

con su semejanza.

Amar es pensar.

Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.

No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no

pienso más que en ella.

Tengo una gran distracción animada.

Cuando deseo encontrarla

casi prefiero no encontrarla,

Para no tener que dejarla luego.

No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que

quiero. Quiero tan solo

Pensar en ella.

Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.

 

***

 

Tu voz habla amorosa…

Tu voz habla amorosa…

Tan tierna habla que me olvido

de que es falsa su blanda prosa.

Mi corazón desentristece.

Sí, así como la música sugiere

lo que en la música no está,

mi corazón nada más quiere

que la melodía que en ti hay…

¿Amarme? ¿Quién lo creería? Habla

con la misma voz que nada dice

si eres una música que arrulla.

Yo oigo, ignoro, y soy feliz.

Ni hay felicidad falsa,

mientras dura es verdadera.

¿Qué importa lo que la verdad exalta

si soy feliz de esta manera?

 

***

 

Todas las cartas de amor son ridículas…*

Todas las cartas de amor son

ridículas.

No serían cartas de amor si no fuesen

ridículas.

 

También escribí en mi tiempo cartas de amor,

como las demás,

ridículas.

 

Las cartas de amor, si hay amor,

tienen que ser

ridículas.

 

Pero, al fin y al cabo,

sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor

sí que son

ridículas.

 

Quién me diera el tiempo en que escribía

sin darme cuenta

cartas de amor

ridículas.

 

La verdad es que hoy mis recuerdos

de esas cartas de amor

sí que son

ridículos.

 

(Todas las palabras esdrújulas,

como los sentimientos esdrújulos,

son naturalmente

ridículas).

**Heterónimo A. Campos

 

***

 

Súbita mano de algún fantasma oculto…

 

Súbita mano de algún fantasma oculto

entre los pliegues de la noche y de mi sueño

me sacude y yo despierto, y en el abandono

de la noche no diviso gesto ni bulto.

 

Pero un terror antiguo, que insepulto

traigo en el corazón, como de un trono

baja y se afirma mi señor y dueño

sin orden, sin meneo y sin insulto.

 

Y yo siento mi vida de repente

presa por una cuerda de Inconsciente

a cualquier mano nocturna que me guía.

 

Siento que soy nadie salvo una sombra

de un bulto que no veo y que me asombra,

y en nada existo como la tiniebla fría.

 

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