Carta de Oscar Wilde a su amante, antes de saberse sentenciado

Hoy la Liebre Lunar se encuentra triste, muy triste, y es que recordó uno de los pasajes de la literatura más dolorosos que quizá hay.

Se trata del encarcelamiento del escritor irlandés Oscar Wilde ocasionado por el romance que tuvo con Lord Alfred Douglas.

Para los que no sepan, Wilde recibió sentencia el 25 de mayo de 1895 –cinco días después de que envió la carta que conmovió a la liebrecilla–, acusado de sodomía y grave indecencia por el padre de su amante, el marqués de Queensberry.

El escritor pasó dos años de trabajos forzados en prisión, y luego de quedar en libertad en 1997, vivió un breve periodo con Bosie –como llamaba a Lord Alfred Douglas–. Al poco tiempo tuvo que recluirse en París, donde pasó sus últimos años en completa soledad y en la ruina. Murió en noviembre de 1900.

Así es como la habitante de la Luna recuerda a uno de los escritores más destacados de la literatura universal, quien de encontrarse en la cumbre del éxito, pasó a la miseria… Y todo por amor. A continuación la liebre les comparte la misiva que todavía la mantiene triste.

Por cierto, Taylor al que se refiere Wilde era un amigo suyo, dueño de una casa de citas que presuntamente frecuentaba el escritor.

 

20 de Mayo de 1895

Niño mío,

Hoy aguardamos los veredictos, que se darán por separado. A Taylor le estarán juzgando probablemente en este momento, por eso me ha sido posible volver aquí. Mi dulce rosa, mi delicada flor, mi lirio de los lirios, será a buen seguro en la prisión donde tendré que probar el poder del amor. Veré si puedo convertir en dulces las aguas amargas con la intensidad del amor que te tengo. Hubo momentos en los que pensé que hubiera sido más sabio separarnos. ¡Ah, momentos de debilidad y de locura! Veo ahora que ello habría mutilado mi vida, arruinado mi arte, roto los acordes musicales que forman un alma perfecta. Aunque cubierto de fango, te enalteceré, te llamaré desde los más profundos abismos. En mi soledad estarás conmigo. He determinado no rebelarme, sino aceptar cada ultraje por devoción al amor. Dejar que mi cuerpo sea deshonrado tanto como pueda mi alma conservar tu imagen. De tu pelo sedoso a tus delicados pies representas para mí la perfección. El placer odia al amor por nuestra causa, pero el dolor nos revela su esencia. Oh, la más querida de las criaturas, si alguien herido por la soledad y el silencio llega a ti, deshonrado, de risible linaje para los hombres, oh, tú podrás al tocarle cerrar sus heridas y rehabilitar su alma que la desdicha había por un instante ahogado. Nada será difícil para ti entonces, y recuerda que es esa esperanza la que me hace vivir, y sólo esperanza tengo. Lo que la sabiduría es al filósofo, lo que Dios al santo, eres tú para mí. Mantenerte en mi alma es el único objeto de este dolor al que los hombres llaman vida. ¡Oh, amor mío, que aprecio sobre todas las cosas, blanco narciso en un campo ubérrimo, piensa en la aflicción que cae sobre ti, aflicción que sólo el amor puede iluminar! Pero no estés entristecido por ello, antes bien sé feliz por haber colmado de un inmortal amor el alma de un hombre que gime ahora en el infierno, y lleva, con todo, el cielo en su corazón. Te quiero, te quiero, mi corazón es una rosa a la que tu amor ha hecho florecer, mi vida un desierto aventado por la brisa deliciosa de tu aliento, cuyos refrescantes manantiales son tus ojos; la huella de tus pequeños pies forma para mí valles de sombra, el aroma de tu pelo es cual mirra, y donde quiera que vayas exhalas el perfume del árbol de la casia.

Quiéreme siempre, quiéreme siempre. Has sido el supremo, el perfecto amor de mi vida; no podrá haber ningún otro.

He decidido que es más noble y hermoso permanecer aquí. No podremos estar juntos. No quiero ser llamado desertor ni cobarde. Un nombre falso, un disfraz, una vida acosada, nada de eso me gusta, pues tú te me has mostrado en esa alta colina donde se transfiguran las cosas bellas.

¡Oh, el más dulce de los muchachos, el amado de los amores! Mi alma se adhiere a tu alma, mi vida es tu vida, y en los mundos todos del dolor y el placer tú eres mi ideal de admiración y alegría.

Oscar

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