El consumo excesivo de sal y el deterioro cognitivo

Por Sergio Romero 

Sergio tiene la costumbre de ponerle sal a todo; a veces, sin haber probado su comida, ya anda empinando el salero (no empiecen de puercos). A pesar de los regaños de su santa madre por esa fea costumbre, Sergio se empeña en salar todo, hasta su vida. Y no es que desconozca los efectos negativos que tiene el consumo excesivo de sal, nomás que es terco como una mula. Pero a partir de hoy todo será diferente, Sergio acaba de leer una investigación que lo dejó más sorprendido que el final de Lazos de Amor al saber que María Paula estaba viva: el consumir una dieta excesivamente rica en sal tiene efectos graves en el cerebro, en regiones claves vinculadas con la memoria o el aprendizaje. OH-MY-GOSH.

La mayoría de todos sabemos que consumir mucha sal es malo para la salud. Nuestras tías siempre lo supieron, ellas bien saben que una dieta con alta cantidad de sal puede provocar retención de líquidos, aumento de la presión arterial, problemas del corazón y daño renal. Pero una investigación publicada hace días en la revista Nature Neuroscience propone que el exceso de sal en la dieta puede afectar la regulación del flujo sanguíneo cerebral, lo que resulta en una disfunción cognitiva, alterando de forma grave funciones como la memoria, la concentración o el aprendizaje mismo. El trabajo realizado por investigadores del Instituto de Medicina Weill Cornell, en Nueva York, sugiere dichos resultados al evaluar el efecto de la sal en el comportamiento de ratones; permítanle a Sergio contarles un poco de la historia.

ConsecuenciasSal (1)
Consecuencias de una dieta alta en sal. Todos los daños principalmente están asociados a una afectación del Sistema Cardiovascular y del Sistema Nervioso Central. Modificado de: Formosa Salud, Argentina.

Desde hace años se propuso la existencia de una vía de comunicación “intestino-cerebro”, es decir, una forma en que el intestino interactúa con el cerebro, provocando que todo lo que comemos tenga un efecto en la salud de nuestro Sistema Nervioso Central. Sin embargo, poco se sabía de los mecanismos detrás del acto de comernos una garnacha y cómo ésta afecta nuestra salud cerebral. En el trabajo mencionado, los investigadores identificaron un mecanismo novedoso que une el consumo excesivo de sal con la activación del sistema inmune en el intestino, lo que a su vez afecta la regulación del flujo sanguíneo en el cerebro y esto provoca que las funciones cognitivas se deterioren. Ellos analizaron los efectos de una dieta alta en sal en ratones sanos, dándoles de comer porcentajes grandes de sal en su comida, en una proporción similar a la que están acostumbrados los humanos que consumen grandes cantidades de sal. Después de darles de comer 12 semanas continuas una dieta con mucha sal, se notó que los ratones fueron afectados en funciones relacionadas al aprendizaje de procesos nuevos o en la memoria espacial y temporal. La gran pregunta era cómo una molécula tan útil y habitual como la sal podía desencadenar una serie de eventos de tal magnitud.

El mecanismo se podría resumir de la siguiente manera. Al poner harta sal en la comida, esta molécula llega a nuestro intestino y activa unas células del sistema inmune, elegantemente llamadas linfocitos TH17. Al coquetearles a estas células -que es como si la sal les pusiera la rolita de “se pone caliente cuando escucha este perreo”-,  los linfocitos se movilizan y producen en friega una molécula llamada interleucina-17, responsable de todo lo malo que viene después. Nuestra enemiga, la interlucina-17, viaja en la sangre y provoca que otro compuesto, el óxido nítrico, se deje de sintetizar, debido a que el tejido responsable de hacerlo se vuelve insensible a su activador natural, la acetilcolina. ¿Y qué tiene de importante el óxido nítrico en nuestro organismo? Este compuesto es vital para el funcionamiento de nuestro cuerpo. La molécula se produce en el endotelio (un tejido que tapiza interiormente el corazón y vasos sanguíneos) y permite que la sangre circule sin problema en el cuerpo, regula la presión sanguínea, evita que se formen coágulos internos, tiene efectos antiinflamatorios, fortalece el sistema inmune, entre otras muchas funciones; es decir, el óxido nítrico es una molécula bien vergas. Así pues, los niveles bajos de óxido nítrico hacen que el flujo sanguíneo cerebral disminuya, provocando consecuencias graves en áreas cerebrales relacionados con la memoria y el aprendizaje.

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Una vía “intestino-cerebro” que relaciona la dieta alta en sal y la disfunción cognitiva. Un consumo excesivo de sal provoca una proliferación de células TH17 y una sobreproducción de IL-17, lo que tiene un efecto en la disminución de óxido nítrico en el endotelio vascular cerebral. A partir de esto, desciende el flujo sanguíneo al cerebro y se provoca un daño en las funciones cognitivas. Modificado de: Katie Vicari/Springer Nature, 2018.

Pero no todo está perdido, amigos, el estudio demuestra que regresar a los ratones a una dieta normal durante 4 semanas puede restaurar la función endotelial, el flujo sanguíneo cerebral y la función cognitiva. La mayoría de los ratones son capaces de retomar sus capacidades normales cuando dejan de consumir alta cantidad de sal, pero los que no lo hacen, acaban por desarrollar un tipo de demencia. Este trabajo comprueba los efectos positivos de reducir la ingesta de sal, al tiempo que sugiere que una dieta más saludable puede tener efectos beneficiosos en la salud cerebral. La investigación abre la puerta a nuevas áreas donde se podrá analizar el efecto de todas las moléculas implicadas, los mecanismos aún no analizados/descritos, así como el estudio de fármacos o compuestos naturales que ayuden a mejorar la salud en los humanos. Así pues, eso de retirar los saleros en las mesas de los restaurantes al parecer no es una mala idea, por lo que Sergio desde ahora le sacará la lengua a la sal y, aunque le duela, reducirá su consumo, ya que no quiere volverse aún más bruto de lo que ya es. Hasta pronto, comunidad de Jamlet Inculto.

 

¿Quieres leer más al respecto?:

Franco, G., Brea, D., et al., Dietary salt promotes neurovascular and cognitive dysfunction through a gut-initiated TH17 response. 2018. Nature Neuroscience. https://www.nature.com/articles/s41593-017-0059-z

 

 

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