Literatura

Toda la vida en una selva

En mayo de este año, el periodista y escritor Jordi Soler (Veracruz, 1963) cerró uno de sus artículos semanales en Milenio Diario con la siguiente pregunta: “¿Hay que huir de la naturaleza? De ninguna manera, pero hay que tener la decencia de internarse en el bosque, o en la selva, titubeantes como un niño huérfano.”

La respuesta hace sentido si uno lee el último libro del otrora productor y locutor de Rock 101, Usos rudimentarios de la selva (Alfaguara, 2018), en el que explora a través de 12 relatos, el andar de un niño hacia su adultez, mientras vive en un lugar recóndito y selvático de Veracruz llamado La Portuguesa -sitio donde nació el autor-.

En el libro, el lector encontrará cuentos maravillosos y a la vez oscuros, donde más de uno se sentirá identificado toda vez que el personaje principal nos enfrentará a situaciones de la vida diaria: el despertar sexual, los conflictos familiares y de trabajo que -a veces, muchas veces- nos doblegan y nos hace preguntarnos ¿qué hacemos aquí? ¿Por qué hacemos lo que hacemos?

Los doce relatos de Soler están llenos de situaciones que, si no sucedieran en México, serían inverosímiles. Como en el cuento “Los chinos”, donde un grupo de personas provenientes del otro lado del mundo llegan -sin razón aparente- a un poblado cercano a La Portuguesa, y donde los habitantes los “hacen suyos”.

“Una fuerza sorda que absorbía toda la luz” es otro de los cuentos en este libro que al pasar de los años podría ser considerado un clásico por su fuerza narrativa, por los personajes -dos hermanos, un elefante y varios artistas de circo- y por la descripción de varias costumbres que solo en lugares como en Veracruz podrían suceder: ¿qué hacía un circo llamado Frank Brown dando funciones en medio de una nada rodeada de selva?  

El nuevo libro de Jordi Soler no decepciona y, como lo ha hecho en sus otras publicaciones anteriormente, nos deja con frases para deleitarnos y reflexionar. Aquí van un par:

 

«¿Cómo está tu garrapata, Vicentico?, lo jodían todo el tiempo sus compañeros, pero él sentía que obraba bien, que la razón lo asistía, y a las personas que creen a secas, decía papá, más vale dejarlas creer»

pág. 28

«Quizá, ahora que lo pienso, el amor es precisamente eso: resistir, cada tarde, los cuchillos que te lanza una mujer>

pág. 44

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