Ciencia

La era de las bacterias superpoderosas

Verano de 1928. Alexander Fleming está solo, ebrio y devastado por varios experimentos que no le salen bien en su laboratorio del Hospital St. Mary en Londres. Debido a ello, decide tomarse unas vacaciones para hacerse bolita en su cama durante dos semanas. Así, abandona en el rincón de su laboratorio unos cultivos de Staphylococcus aureus (la bacteria con la que trabaja). Al volver, Fleming nota que uno de sus cultivos está contaminado con un hongo, y que las colonias de estafilococos que rodeaban al hongo fueron destruidas, mientras que las colonias más lejanas al hongo eran normales. Meses más tarde, el 7 de marzo de 1929, Fleming nombra penicilina al compuesto que produjo el hongo y da como inaugurada la era de los antibióticos: sustancias químicas capaces de inhibir el crecimiento o provocar la muerte de las bacterias. El descubrimiento de la penicilina marca un antes y un después en el tratamiento de las enfermedades infecciosas. El mundo no sería lo que es hoy en día sin el descubrimiento de los antibióticos.

Aunque Fleming era un hombre inteligente y con muy buena suerte (de manera fortuita también descubrió la lisozima, una proteína contenida en la saliva que daña las células bacterianas, una especie de “antibiótico” natural), actualmente la humanidad no puede confiar en su buena suerte ante una amenaza creciente: el aumento de la resistencia a los antibióticos por parte de las bacterias. La resistencia a antibióticos es un mecanismo bacteriano que permite a las bacterias sobrevivir y seguir creciendo, en lugar de ser inhibidas o destruidas por dosis terapéuticas de la droga. Como resultado, la resistencia bacteriana a antibióticos puede evadir los efectos del fármaco, con severas consecuencias para la salud humana y animal.

La resistencia a los antibióticos es una creciente crisis médica y social, ya que las bacterias causantes de enfermedades han desarrollado propiedades que evaden o superan los efectos de la mayoría de los medicamentos disponibles. Como resultado, una variedad de afecciones se han vuelto más peligrosas y más caras de tratar, lo que aumenta los costos de atención médica hasta en 10 mil millones de dólares anuales. Imaginen que el primo de un amigo por un estornudo mal colocado (ajá, puro accidente, no se crean) adquiere una bonita enfermedad llamada gonorrea. Hace 10 años le hubiera costado aproximadamente 12 dólares tratarla, pero actualmente el costo ha incrementado hasta casi 26 dólares debido a la resistencia de antibióticos. Así, algunas de las consecuencias producidas por la resistencia antimicrobiana son: 1) aumento excesivo del gasto en medicamentos para el paciente y el Estado (los antibióticos representan el 30% o más del presupuesto institucional), 2) aumento de la duración de hospitalizaciones, 3) mortalidad aumentada por parte de infecciones antes curables, 4) disminución de la cobertura de salud por compra de antibióticos costosos, 5) pobre calidad de vida del paciente y sus  familias, entre otras.

Imagen 1
Estrategias desarrolladas por las bacterias para resistir a los antibióticos. Modificado de: E. Gullberg, ReAct group.

¿Pero cómo le hacen las bacterias para volverse superpoderosas y resistentes a los antibióticos? Entre las múltiples formas se encuentran: 1) disminución de la permeabilidad membranal; 2) bombas de expulsión, como si las bacterias escupieran el fármaco que entra a su célula; 3) hidrólisis enzimática: inactivación o degradación del antimicrobiano mediante proteínas creadas para tal fin, y 4) modificación del blanco de la enzima a través de mutaciones. Sergio desearía ser igual de hábil para solucionar sus problemas y tristezas de la vida como las bacterias evaden el efecto de los antibióticos.  ¿Y cómo le hacen para adquirir estos mecanismos? La principal forma es la transferencia de genes de resistencia entre las especies bacterianas; es decir, si una bacteria presenta resistencia a la penicilina, entonces puede ser capaz de transmitirle dicho gen de resistencia a otras bacterias de su entorno, dando como resultado que toda la población bacteriana se vuelva resistente. Otra forma es mediante el uso de transposones, secuencias de ADN que pueden moverse de manera autosuficiente a diferentes partes del genoma; imaginen que son genes saltarines y provocan que el mismo gen pueda ser copiado y así adquirir multirresistencia a un conjunto de fármacos. Una más es con mutaciones en las enzimas responsables de metabolizar el fármaco, generando proteínas que se vuelven resistentes a ellos. Todos estos mecanismos pueden ser transferidos directamente entre las bacterias, pero se ha visto que también los alimentos y el agua que consumimos son un vehículo importante para la adquisición de la resistencia antibiótica.

Imagen 2
Rutas de propagación de la resistencia antibiótica: 1) sistemas de saneamiento del agua, 2) aplicación de estiércol animal que contiene bacterias resistentes a los campos, 3) contaminación de las plantas, 4) consumo de las plantas contaminadas, 5) consumo de carne contaminada de animales y peces que albergan las bacterias resistentes, 6) distribución de agua contaminada, 7) insectos y vida silvestre diseminan bacterias resistentes, 8) el turismo, la migración y las importaciones de alimentos son la forma más rápida de propagar cepas resistentes. Modificado de: bioMérieux.

Sin embargo, pareciera que esta batalla está perdida, que las bacterias son más inteligentes que nosotros (bueno, eso probablemente sí) y que de nuestra parte no hay mucho por hacer. Nada más falso que esto. Existen varias malas prácticas que involucran a médicos, agricultores, ganaderos, veterinarios, pacientes, gobernantes, empresarios, público en general y que podemos cambiar para mejorar el negro futuro que se avecina. Entre los malos hábitos que tenemos se encuentran: indicar antibióticos sin la toma de cultivo, recetar antibióticos cuando la causa no es bacteriana sino viral (Sergio recuerda a sus tías poblanas que le daban penicilina cuando tenía gripa), mantener tratamientos por períodos muy largos o no concluir todos los días de tratamiento por parte de los pacientes, utilizar espectros que exceden a los requeridos, usar múltiples combinaciones innecesarias, aplicar antibióticos para promover el crecimiento animal, no tratar el agua adecuadamente, legislar débilmente el área del mal uso de antibióticos, etc…

La revisión histórica ha demostrado que para resolver la resistencia a los antibióticos se requiere la colaboración y coordinación por parte de varios actores clave a lo largo del mundo. Al contemplar las medidas que deben tomarse para prevenir un desastre, sale a la luz que la solución no es sólo crear nuevos antibióticos sino atender los factores estructurales más importantes, acciones desde nuestros hogares como no consumir irresponsablemente antibióticos, dejar los tratamientos inconclusos o tirar los antibióticos caducos al drenaje. Necesitamos trabajar todos para garantizar que el escenario apocalíptico de resistencia antimicrobiana generalizada no se convierta en una realidad. Digámoslo abiertamente: esta es una amenaza para el mundo tan importante como el cambio climático. Sergio mejor aquí le para (sin albur) a las malas noticias y se retira a chingarse su Tafil pa-ra cal-mar la an-sie-dad ge-ne-ra-da por pen-sar en bi-chos mul-ti-re-sis-ten-tes. Nos leemos la semana que viene si las bacterias nos dan licencia.

Anuncios

0 comments on “La era de las bacterias superpoderosas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: