Literatura

Esculcar su sombra

Algunas notas sobre El movimiento estridentista de List Arzubide y la literatura de principios del siglo XX en México

(Algunas notas sobre El movimiento estridentista de List Arzubide y la literatura de principios del siglo XX en México)

 

El intelectual de principios del siglo XX

(Contexto de producción)

La disputa entre contemporáneos y estridentistas —dos posturas clave en la construcción del ideario “modernizado” de la identidad social mexicana—, es absurda desde nuestro presente de lectura. La razón es sencilla: es una discusión histórica documentada que, de forma extraña y paradójica, enfrentó dos actitudes que prevalecieron en el ideario del intelectual mexicano del siglo XX. La transición de dichas esferas del pensamiento para las generaciones nacidas después de los sesenta o setenta, convierten muchas de las inquietudes pretéritas en ámbitos hueros, de dimensiones simplificadas que no reflejan el profundo y ‘verdadero’ trabajo de un creador: enfrentarse con los materiales de los que se sirve, interrogar su quehacer desde una reflexión estética, abismarse, en suma, en el eco sagrado de escribir su soledad esencial y comunitariamente paradójica. Algunos de los enconos y furias con respecto a los intereses intelectuales de aquella época son incomprensibles desde la actualidad de la “post-verdad”. Sin embargo, en los textos se reflejan con más claridad las visiones estéticas, las búsquedas, los senderos ocultos de los nuevos saberes poéticos. Y con esa luz es propicio “esculcar su sombra”. El pasado estuvo herido por la demencial tarea de reconstruirse, de poder auto-nombrarse y de conocer y verbalizar por qué se realiza determinada labor desde los ámbitos cotidianos: escribir equiparado a comer, a gritar, a escandalizar con un gallo de oro en cada despertar actualista.

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Imagen tomada del portal: Revista Primera Página. El de la izquierda es Jorge Cuesta (Contemporáneos), el de la derecha Manuel Maples Arce (Estridentistas).

Aquella época conlleva una imaginería semejante a un salón vacío y reluciente, con sus ámbitos maderosos de chimeneas viejas; lámparas sensuales de luces difusas y seductoras; se respiran emocionantes los contornos de esa vida proyectada a un “futuro actual” en el que los campesinos aparecen, por primera vez, como protagonistas de un México reformado; las mujeres son maniquíes en ámbitos veloces de grandes ciudades cosmopolitas, fruto de los aparadores; en el estridentismo se percibe la furia de la gran ciudad, su demonio ensordecedor; la poesía no es silencio sino ruido, un laberinto zumbón de luces divertidas.

Incluso la metafísica de los contemporáneos representa nuevos retos a la percepción: la simpleza que ofrece la visión del vaso de agua en Muerte sin fin es también una metáfora de los nuevos caminos del conocimiento poético. Un anhelo de asir a través de las palabras un tiempo nuevo, reluciente en su filosofía de pliegues y cruces; la literatura se afana en sí misma, un relámpago de fisuras complejas y propias.

La reconstrucción de la identidad nacional revolucionaria intentaba restaurar el espejo quebrado para mirarse de forma completa y franca en un México orientado al progreso y situado en la esperanza. Roto y cosmopolita, su reloj era una flama vigorosa de azules luciferinos. Su horizonte enrojecido y corajudo tenía halo de estrella recién nacida; el ambiente se ahogaba en los ocasos sugerentes de los contemporáneos, la rutina de las cafeterías y las disputas simples. La reducción maniquea de un mundo ideológicamente en disputa. El concepto de identidad es una palabra compleja cuando se refiere a las esferas del bienestar económico, social y político; el intelectual mexicano se deja entrever desde los inicios del siglo XX como un trabajador público; es decir, un hombre que piensa en voz alta y al que se escucha, acorde con aquella peligrosa idea kantiana de salir de la minoría de edad para pensar en alto y no ser gobernados por otro; así se convierte en una fuerza discursiva que hace de la expresión su arma peligrosa. Cada cual tiene su tiempo, a cada uno le corresponde tener voz, así sea en periodos más favorables. Los intelectuales ejercen su influjo desde la trinchera diplomática o institucional; es la manera de labrar un destino a la par de la escritura; oficio nocturno y misterioso, espejo de fugas e insistencias; el escritor ligado con la idea universalista y liberal de poseer un conocimiento de amplio espectro, se erige en el núcleo del deseo de una sociedad que anhela encontrar su rostro profundo. Es esa su tarea: poder definir, poder nombrar y transformar el pasado a través del sistema cultural presente.

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De izquierda a derecha: Ramón Alva de la Canal, List Arzubide, Maples Arce, Arqueles Vela y Leopoldo Méndez.

El contexto de producción es la sombra del texto, en el caso de principios de los años veinte mexicanos, porque para los estridentistas fue la razón de su programa. El estridentismo no solo es un movimiento expresivo; se configuró en paralelo a los espacios grupales de creación —como sucedió con las vanguardias—, es decir, fue acto, grito, escándalo. Los manifiestos proliferaron en las calles, incidieron en los espacios públicos; las ondas de radio expandieron sus rizomas; el teatro, las marionetas y todo aquel lenguaje que trasciende el texto se pronunció en forma de barahúnda y jarana. Y, además, había una consciencia del quehacer artístico, cualidad fundamental de las vanguardias que, por vez primera, tienen un interés explícito y programático en “el arte como artificio”.  Los contemporáneos tampoco fueron ajenos a estas búsquedas, aunque sus resultados fueron, quizá, de carácter individualista y sin los contenidos programáticos; había, sin duda, una sumersión evidente en el lenguaje como material expresivo que contenía misterios inefables pero que, al mismo tiempo, permitía comprender técnicas de procedimientos verbales. La fábrica creativa del siglo XX apareció en la escena discordante de las propuestas estéticas en pugna. El tiempo mastica todo y de las disputas de antaño solo ecos quedan y estudios críticos que vuelven a sazonar lo que ya carece de sentido.

Lo interesante es la idea del “intelectual” mexicano que arraiga contundentemente y en paralelo a la compleja figura que Blanchot describe en Los intelectuales en cuestión cuando diserta sobre la incidencia de un escritor en las cuestiones políticas de su tiempo. Para nuestra época esas remanencias del pasado persisten aún en intelectuales nacidos en los sesenta, pero su carácter universalista comienza a desaparecer. Los contextos de escritura, antes polares, están divididos y dispersos, la especialización es una sombra; la academia, la profesionalización, la gran amenaza de un mercado devorador son apenas el comienzo de la destrucción de un pasado que no deja de hablar pero al cual, lento y pesaroso, se traga el tiburón de los tiempos negros.


Un libro es un collage, lenguajes intersectos

(El texto en su inmanencia)

El movimiento estridentista de List Arzubide es un ejemplo exacto que condensa los presupuestos más significativos de la vanguardia porque se sostiene en el impulso creador colectivo aunque esté firmado por un solo autor. Es un libro pensado para definir el quehacer artístico del grupo y consigna y define las aspiraciones y anhelos expresivos comunitarios. A modo de manifiesto juega con la idea del personaje histórico al convertirlo en una abstracción de horas recónditas en la página y conjunta diversos lenguajes para hacer hablar a un coro expresivo interdisciplinario que escribía cuento, ensayo, crónica; grabado, dibujo, fotografía. Aquí un ejemplo de cómo se intersectan diversos elementos que atraviesan el discurso con su sombra:

Entre los proyectos que Germán Cueto construyó en el Café Multánime con el armazón de hierro de su manoteo, estaba el “ARQUELES”, periódico que iba a ser explotado por el amarillismo del título, cuando estrellara la indiferencia burguesa con la imposición de su grito: ¡El Arqueles de hoy!! La gente iba a advertir que en ese diario, estaban las noticias de lo que no había sucedido y las catástrofes que pudieron ocurrir, y lo compraría por vaciar las esclusas de su curiosidad luída con este nombre. Acaso por el nombre, Arqueles Vela nos pareció desde un hombre de truco, con puertas falsas y cuevas extraviadas y nos obligó a saber qué secreto solapaba y muchas noches, entre la desazón de las distancias, lo seguimos para esculcar su sombra. (Germán List Arzubide. El movimiento estridentista. Letras Mexicanas, 1987, p. 26).

Mejor definido no puede encontrarse el acto verbal del estridentismo que, en el párrafo citado, se caracteriza por procedimientos semejantes a los de este fragmento: una escritura de guiños y pliegues. Ímpetu de juego, tono de desparpajo, mosaico de trozos textuales. Desde Niebla de Miguel de Unamuno, el juego del personaje como ente que puede evadir la ficción para insertarse en “lo real” es una característica de la novela contemporánea. List Arzubide realiza el mismo procedimiento en múltiples ocasiones en El movimiento estridentista y convierte a los personajes históricos en objetos (un periódico, un espacio, una sombra), y viceversa. La prosopopeya es uno de los procedimientos verbales más frecuentados. El libro es un paseo en un lenguaje duro, que no teme a los adjetivos, que se regodea en la imagen insólita: “El Estridentismo anclaba el triunfo”, “Huésped, que había logrado atrapar el quicio de la puerta bajo sus pies de viajero, con un record de 5000 kilómetros que prestigiaban su audacia, tenía un aire de hombre desalmado de quien nada se debe temer…”, con sus personajes planos, las mujeres aparecen de forma ambivalente, como maniquíes y conquistas: un territorio colonizado por la “masculinidad del estridentismo”.

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Germán List Arzubide. Foto de Rogelio Cuéllar, tomada del portal dedicado al artista.

El propio Arzubide habla, en una conferencia sobre el movimiento estridentista, de una “música de ideas” al referirse a la poesía; efectivamente, las ideas encarnan personajes, se humanizan y tocan una música diferente. Su ritmo es otro, el de la ciudad, la sorpresa, una disonancia que raspa… La exposición de las ideas/personaje canta esa música novedosa y se manifiesta a través de otras figuras de lenguaje; el propio Arzubide las define como “imágenes equivalentes”: una simbiosis entre dos partículas sígnicas diferentes que se funden en una sola frase, por ejemplo: “momento destripado”, “banderas clamorosas”, “mujeres derramadas”. Se trata de sentencias adjetivas que no existirían fusionadas sin la mediación de la poesía, de ahí su carácter insólito. Las experimentaciones estridentistas del lenguaje se acercan al espíritu lúdico e intrascendente que Ortega y Gasset, en su inteligente y temprano ensayo La deshumanización del arte (1925), adjudica a las vanguardias, concretamente al cubismo. El espíritu musical está impregnado de un grito clamoroso que reconoce en el ahora su actualidad.

Un juego incesante con los verbos nos muestra su hiel, son verbos rasposos, crispados, con su osadía también generan un cúmulo de imágenes raras: “las banderas rojas de la lucha erizaban las manifestaciones de la juventud desequilibrada de ansias…”, “se alzó la flama del desquite…”, “sus ventanas giran hacia los paisajes…”. Verbos inusitados: su papel es trastocar el edificio léxico de una lógica; introducir, a través de las palabras, secuencias de imágenes intrépidas y discordantes frente a los usos del leguaje habitual, el de la comunicación. El poeta, como si cocinara un complejo mole mexicano, combina los ingredientes transgresores en un lenguaje que redescubre su potencia metafórica y que consigue comunicarse con un ritmo hosco de sonidos imprevisibles.

No en vano, estas búsquedas empatan con las nuevas orientaciones de la literatura pero también con las preguntas por el lenguaje que tienen lugar a principios del siglo XX, a  través del formalismo ruso, el estructuralismo y los hallazgos de las otras vanguardias. El lenguaje se convierte en una alquimia desacralizada en la que el poeta vive libremente, su corsé es, si acaso, la convicción de su grupo. La ideología, para el estridentismo, parece ser un pretexto que asimilaba de forma espontánea sus formas lingüísticas. Ese mirar esquinado, oblicuo que aparece en el poema “Esquina” de List Arzubide o las alusiones de rincón en El café de nadie de Arqueles Vela, son un legado de exploraciones fónicas que quizá nuestra actualidad pueda comprender de modo más sensible.

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Portada del libro El Movimiento Estridentista, de Germán List Arzubide.

El movimiento estridentista es un libro actual porque recoge los procedimientos poéticos que no han dejado de existir desde que se pronunciaron las primeras vanguardias; impone retos de lectura al asociar la expresión con la historia y al yuxtaponer diversos lenguajes y disciplinas. Toda la parafernalia ideológica de los momentos históricos de un contexto “oficialista” se diluye lentamente y forma poros en los textos que, al final, solo hablan a un sentido universal y profundo; cuando ello no es así, los textos se olvidan aunque en su presente hayan provocado un gran escándalo. La escritura, en realidad, es más bien silenciosa y germinal, un movimiento monádico, difuso, imperceptible y demasiadas veces no es a su época a quien en realidad habla.

Susurros del pasado

(Contextos de recepción)

El estridentismo hereda a los lectores contemporáneos los ejemplos de la creación vanguardista como programa, como acto más allá de la página: una actitud de despertar. En los textos, nos permite percibir cuáles son los principales rasgos estilísticos que, a principios del siglo XX fueron una exploración de procedimientos lingüísticos nuevos.

Para nuestro presente  lector el texto estridentista es valioso no solo en un ámbito especializado. Se trata de documentos entusiastas que bien pueden contagiar su visión esperanzada: a principios del siglo XX, México se reconstruía, se afanaba por describir su identidad, esculcaba su sombra. Hay muchos aspectos ideológicos con los cuales simplemente ya no empatamos: la visión sobre las mujeres, la simplificación de la política mexicana, ese ingenuo estertor que ofrece un presente delicioso y un porvenir… Ahora somos el eco frustrado de políticas fracasadas y de un horizonte complejo en los meandros de la globalización y el desastre ecológico. Podemos identificarnos más con aquella actitud entusiasta (si somos optimistas) que con un programa que no puede encajar en el enrevesamiento de los sistemas económicos actuales, pero los texto nos presentan formas discursivas que aún sugieren preguntas. Ahí es, precisamente, donde no se han agotado las inquietudes.

La atención al poeta, concibiéndolo como un transgresor, como un rebelde que alza su voz para despertar consciencias, se ha trasladado, en nuestra época, a un lector rebelde. Es él quien reescribe las obras, quien arma los rompecabezas, quien da forma a una historia que aparece cual sombra en los textos literarios; actualiza o sepulta, comprende o rechaza, omite e interpreta. El lector es quien habla el susurro del lenguaje, quien esculca las sombras del pasado y por fin, les otorga o no, actualidad.

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1 comment on “Esculcar su sombra

  1. Irma Yepiz

    Excelente ensayo/articulo. Muy bien escrito. Felicidades!!

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