Literatura Rándom

La niebla de Unamuno para los tiempos que vivimos

Aunque en Jamlet Inculto poco o nada se hable de política — ya que el cerdito lo tiene prohibido, debido a que es un dictador de las ideas— , algunas relecturas de la literatura clásica nos obligan a pensar que aquello escrito hace poco más de 100 años sigue vigente para los tiempos que vivimos.

Durante las últimas semanas hemos leído artículos de varios escritores y escritoras preocupadas por el momento de convulsión -política y social- que se vive prácticamente en todo el mundo. El triunfo de un presidente como Jair Bolsonaro en Brasil y las recurrentes tonterías que comete Donald Trump en Estado Unidos, han hecho pensar a escritores como Antonio Muñoz Molina que quizá vivimos en La edad de la revancha.

Reflexiones como la del escritor español siguen multiplicándose a lo largo del mundo, debido a la preocupación que existe de que las instituciones creadas para que la vida democrática funcione más o menos bien en lo que algunos llaman “occidente”, sean destruidas por discursos divisionistas de los líderes que los pronuncian y por sus seguidores que, ya vimos, no son pocos y no se quedan callados.

Lo curioso es que cuando uno lee o relee a los clásicos, siempre puede encontrar que hace cincuenta o cien años, esas preocupaciones ya estaban ahí; y que en muchos de los casos los pueblos o naciones hicieron caso omiso y siguieron un camino que parecía esperanzador pero que, con el paso del tiempo,  los llevó a la catástrofe.

Este arranque de 2019 me ha hecho pensar en algunos de los subrayados que hice a un texto publicado por Miguel de Unamuno en noviembre de 1915, en el diario argentino La Nación, a propósito de su gran novela, o mejor dicho: nivola, Niebla, los cuales son pertinentes para los tiempos políticos y sociales que vivimos incluso en nuestro país:

«Pues bien, aquí, en tu patria, han dado en decir unos cuantos neutrales o más bien neutros, que no hay que dejarse llevar de simpatías ni de antipatías, sino atender al interés de la patria. ¡Como si ellos, ni nadie, lo conociese! ¡Como si hubiese más alto interés que la simpatía o antipatía! ¡Como si la simpatía y la antipatía no fuesen la flor suprema del interés y su más hondo exponente! Y tan es así que los que principalmente apoyan ese punto de vista y hablan del interés a todas horas son los que más se mueven por pasiones, y malas pasiones, que son los puros tontos o tontos positivos y agresivos…»

Unamuno, en ese texto titulado Una entrevista con Augusto Pérez, continúa con la descripción de esos tipos de tontos que “buscaban el bien de su país”:

«Y hay también los tontos puros, puros tontos o meros tontos, los tontos que no son más que tontos, sin mezcla de otra cosa alguna que no sea tontería. La esencia del puro tonto es que no tiene la menor sospecha de su tontería, se cree de buena fe listo, y cuanto mayor sea la tontería que se repite -porque las tonterías no se dicen, sino que se repiten- cree enunciar una sentencia más profunda. Por eso el puro tonto positivo y agresivo u ofensivo, al revés del tonto impuro, que no pasa de negativo y defensivo.

«En esta tu patria, como en todas las del mundo, ha habido, hay y habrá tontos, pero hasta ahora creeríamos que esos tontos eran en su inmensa mayoría tontos impuros, vegetativos y defensivos, tontos que saben que lo son y que se hacen los listos para defenderse.

«Pues bien, el tonto negativo o defensivo es así. Cuando se le ocurre una tontería, y él sabe que lo es, cuando va a repetir uno de esos lugares comunes del puro sentido común, espejo de ramplonería, lo anuncia solemne y enfáticamente, como quien dice un profundo aforismo o descubre un luminoso principio de sentido propio, pero es por si alguno tan tonto como él, por supuesto, cae en el lazo.»

En este artículo publicado 8 años después de que escribiera Niebla, Miguel de Unamuno cierra hablando de la victoria y los tontos que se creen invencibles; hace una crítica dura sobre lo que vivía en esos tiempos su país y lo que vivirían (viviríamos) en muchos países a lo largo de los 103 años que transcurrieron luego de ese artículo:

«¿Y no es acaso verdad aquello que se atribuye a no sé qué general de que el vencer no es sino creer haber vencido? —le dije.   —Sí, ésa es una tontería general. Más bien consiste muchas veces la victoria en creerse vencido. Sólo el tonto se cree invencible. Recuerda lo que aquí, en esta tu tierra, pasaba en las guerra civiles con aquellos pobres diablos que empezaron por declararse invencibles, pues contra la fe, decía, no puede nada y luego, al verse vencidos, exclamaban: ¡traición! o sostenían haber quedado moralmente vencedores. “Si no hubiera sido por…”, decían. Y así es siempre. Si no hubiera sido por hache jota en vez de parar en ele habría parado en zeta. Y prepárate a oír a los puros tontos razonamientos de esta calaña. No olvides que los tontos no son ya legión, sino que son partido.»

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